lunes, 12 de marzo de 2012

Adaptación de ''Lamporeccio''


Como ya sabéis, hace algunas semanas estuvimos viendo en clase la literatura de la Edad Media, y en concreto, hablamos del Decamerón.  Aquí os dejo una pequeña adaptación de uno de los cuentos que recoge la obra: Lamporeccio.

 (Diez jóvenes se encuentran en una casa de campo aislándose de la ciudad de Florencia, infestada de una epidemia de peste.  Para entretenerse, se narran historias. Cada día eligen a un rey o reina, que decide el tema de los cuentos de esa jornada. Neifile, la reina de la tercera jornada, cede la palabra a Filostrato para que empiece su historia).

Filostrato:  Hermosísimas señoras, bastantes hombres y mujeres hay que son tan necios que creen demasiado confiadamente que cuando a una joven se le ponen los hábitos de monja, deja de ser mujer y ya no siente los apetitos femeninos, como si se la hubiese convertido en piedra al meterla en un convento; y si algo oyen contra esa creencia suya, se enojan como si se hubiera cometido un grandísimo y criminal pecado contra natura, no teniéndose en cuenta a sí mismos, que disfrutan de libertad para obrar como les plazca. Y de la misma forma, hay todavía muchos que creen demasiado confiadamente que la azada y la pala y las comidas bastas y las incomodidades quitan por completo a los labradores los apetitos y las pasiones y los hacen bastos de inteligencia y astucia. Pero muy engañados están los así creen y os lo voy a demostrar con una pequeña historia.
En esta comarca nuestra hubo y todavía hay un monasterio de mujeres, muy famoso por su santidad, que no nombraré por no disminuir en nada su fama; en el cual, no hace mucho tiempo, no habiendo entonces más que ocho señoras con una abadesa, y todas jóvenes, había un buen hombrecillo llamado Nuto, hortelano de un hermosísimo jardín,  pero que no contentándose con el salario, a Lamporecchio, de donde era, se volvió. Allí, entre los demás que alegremente le recibieron, había un joven labrador fuerte y robusto, cuyo nombre era Masetto.
-          Masseto: Buen Nuto ¿dónde has estado tanto tiempo?
-          Nuto: En un monasterio.
-          Masseto: ¿Y qué hacías tú en un monasterio?
-          Nuto: Yo trabajaba en un jardín hermoso y grande, y además de esto, iba alguna vez al bosque por leña, traía agua y hacía otros servicios; pero las señoras me daban tan poco salario que apenas podía pagarme los zapatos. Y además de esto, son todas jóvenes y parece que tienen el diablo en el cuerpo, que no se hace nada a su gusto; así, cuando yo trabajaba alguna vez en el huerto, una decía: «Pon esto aquí», y la otra: «Pon aquí aquello» y otra me quitaba la azada de la mano y decía: «Esto no está bien»; y me daba tanta rabia que dejaba esas labores y me iba del huerto, así que, entre una cosa y la otra, no quise estar así más y me he venido. Y me pidió su mayordomo, cuando me vine, que si tenía alguien a mano que entendiera de aquello, que se lo mandara, y se lo prometí, pero no pienso hacerlo.
Filostrato: A Masetto, oyendo las palabras de Nuto, le vino al ánimo un deseo tan grande de estar con estas monjas porque pensó que podría conseguir algo de lo que deseaba. Y considerando que no lo conseguiría si decía algo a Nuto, se hizo el loco.
-          Masseto: ¡Ah, qué bien has hecho en venirte! ¿Qué es un hombre entre mujeres? Mejor estaría con diablos: de siete veces seis no saben lo que ellas mismas quieren.
(Para sí mismo) ¿Qué camino debo seguir para poder estar con ellas? Soy capaz de hacer las labores de las que se encargaba Nuto, pero quizás soy demasiado joven para ocupar su lugar… ¡Ya sé! El lugar está bastante alejado de aquí y nadie me conoce allí, así que fingiré que soy mudo y seguro que me admitirán.

Filostrato: Y así, sin decir a nadie a dónde iba, se fue al monasterio, y cuando llegó, entró dentro y encontró al mayordomo en el patio, a quien, haciendo gestos como hacen los mudos, mostró que le pedía de comer y que a cambio le partiría la leña. El mayordomo le dio de comer de buena gana y luego le puso delante de algunos troncos que Nuto no había podido partir que éste en un momento hizo pedazos. El mayordomo, que necesitaba ir al bosque, lo llevó consigo y allí le hizo cortar leña. Él lo hizo muy bien, por lo que el mayordomo, haciéndole hacer ciertos trabajos que le eran necesarios, más días quería tenerlo, hasta que la abadesa lo vio, y preguntó al mayordomo quién era.

-          Mayordomo: Señora, es un pobre hombre mudo y sordo, que vino hace unos días a por limosna, así que le he hecho un favor y le he hecho hacer bastantes tareas. Si supiese labrar un huerto y quisiera quedarse, creo que nos vendría bien, porque él lo necesita y es fuerte y además no tendríais que preocuparos de que gastara bromas a vuestras jóvenes.
-          Abadesa: Entérate si sabe labrar e ingéniate en retenerlo. Dale ropas, trátalo bien, halágalo y dale bien de comer.
-          Mayordomo: Así lo haré.
Filostrato: Masetto no estaba muy lejos, pero fingiendo barrer el patio oía todas estas palabras.
-          Masseto: (para sus adentros) Si me metéis ahí dentro, os labraré el huerto tan bien como nunca os fue labrado.
Filostrato: Cuando el mayordomo se aseguró de que Masseto sabía llevar a cabo las labores que se le requerían, le dijo por señas si quería quedarse aquí, y éste por señas le respondió que quería hacer lo que él quisiese, por lo que lo admitió, le mandó que labrase el huerto y le enseñó lo que tenía que hacer. Luego se fue a otros asuntos del monasterio y lo dejó. Masseto fue labrando un día tras otro, y las monjas empezaron a molestarle y a ponerlo en canciones, como muchas veces sucede que otros hacen a los mudos, y le decían las palabras más malvadas del mundo creyendo que no les oía. Pero sucedió que habiendo trabajado un día mucho y estando descansando, dos monjas que andaban por el jardín se acercaron a donde estaba, y empezaron a mirarle mientras él fingía dormir.
-          Monja 1: Si creyese que me guardabas el secreto te diría un pensamiento que he tenido muchas veces, que tal vez a ti también podría agradarte.
-          Monja 2: Habla con confianza, que no lo diré nunca a nadie. 
-          Monja 1: No sé si has pensado cuán estrictamente vivimos y que aquí nunca ha entrado un hombre aparte del mayordomo, que es viejo, y este que es mudo. Y muchas veces he oído decir a muchas mujeres que han venido a vernos que todas las dulzuras del mundo son una broma con relación a aquella de unirse la mujer al hombre. Por lo que muchas veces me ha venido al ánimo, puesto que con otro no puedo, probar con este mudo a ver si eso que dicen es verdad, y es lo mejor del mundo. ¿Qué piensas sobre esto?
-          Monja 2: ¡Ay! ¿Qué es lo que dices? ¿No sabes que hemos prometido nuestra virginidad a Dios?
-          Monja 1: ¡Oh! ¡Cuántas cosas se le prometen todos los días de las que no se cumple ninguna! ¡Si se lo hemos prometido, que sea otra u otras quienes cumplan la promesa!
-          Monja 2: ¿Y qué pasaría si nos quedásemos embarazadas?
-          Monja 1: Empiezas a pensar en el mal antes de que te llegue. Si pasara eso, se podrían hacerse mil cosas de manera que nunca se sepa, siempre que nosotras mismas no lo digamos.
-          Monja 2: Está bien. Entonces, ¿qué haremos?
-          Monja 1: Creo que las sores están todas durmiendo menos nosotras. Miremos por el huerto a ver si hay alguien, y si no hay nadie, lo cogemos de la mano y lo llevamos a la cabaña donde se refugia cuando llueve, y allí una se queda dentro con él y la otra hace guardia. Es tan tonto que accederá a lo que le pidamos.
Filostrato: Masetto oía todo este razonamiento, y dispuesto a obedecer, esperaba ser tomado por una de ellas. Ellas, mirando bien por todas partes y viendo que desde ninguna podían ser vistas, aproximándose la que había iniciado la conversación a Masetto, le despertó y él enseguida se puso en pie, por lo que ella con gestos halagadores le cogió de la mano y lo llevó a la cabaña, donde Masetto, sin hacerse mucho rogar hizo lo que ella quería. La cual, como leal compañera, habiendo obtenido lo que quería, dejó el lugar a la otra, y Masetto, siempre mostrándose simple, hacía lo que ellas querían  por lo que antes de irse de allí, más de una vez quiso cada una probar cómo cabalgaba el mudo, y luego, hablando entre ellas muchas veces, decían que en verdad aquello era una cosa tan dulce que siempre que podían iban con el mudo a juguetear. Sucedió un día que una compañera suya, desde una ventana de su celda les vio y se lo enseñó a otras dos. Primero tomaron la decisión de acusarlas a la abadesa, pero después, cambiando de parecer y haciendo un pacto con las dos primeras, se les unieron. Y después las otras tres. Por último, la abadesa, que todavía no se había dado cuenta de estas cosas, paseando un día de calor sola por el jardín, se encontró a Masetto (que con poco trabajo se cansaba durante el día por el cansancio de la noche) que se había dormido echado a la sombra de un almendro, y habiéndole el viento levantado las ropas, todo al descubierto estaba. Lo cual mirando la señora y viéndose sola, cayó en aquel mismo apetito en que habían caído sus monjitas, por lo que despertó a Masetto, se lo llevó a su alcoba y allí lo tuvo varios días, probando y volviendo a probar aquella dulzura que antes solía censurar ante las otras. Luego, lo mandó a su habitación y le llamaba con mucha frecuencia. Masseto ya sentía que no podía satisfacer a tantas y pensó que si su mudez duraba más podría pasarle factura, y por ello una noche, estando con la abadesa, dijo.
-          Masseto: Señora, he oído que un gallo basta a diez gallinas, pero que diez hombres pueden mal y con trabajo satisfacer a una mujer, y yo que tengo que servir a nueve, siento que por nada del mundo podré aguantarlo, así que le ruego que busque una solución o me deje marchar.

Filostrato: La señora, oyendo hablar a este a quien tenía por mudo, se quedó pasmada.
-          Abadesa: ¿Qué es esto? Creía que eras mudo.
-          Masseto: Señora, sí lo era pero no de nacimiento, sino por una enfermedad que me quitó el habla, y por primera vez esta noche siento que me ha abandonado.
-          Abadesa: Gracias a Dios. ¿A qué te refieres con eso de servir a nueve?

Filostrato: Masetto le dijo lo que pasaba, y la abadesa al enterarse, se dio cuenta de que no había monja que no fuese mucho más sabia que ella, por lo que, llegó con sus monjas a un acuerdo en estos asuntos, para que por Masetto no fuese expulsado del monasterio. Y habiendo muerto  por aquellos días el mayordomo, de común acuerdo, hicieron que las gentes de los alrededores creyeran que por sus oraciones y por los méritos del santo a quien estaba dedicado el monasterio, a Masetto, que había sido mudo largo tiempo, le había sido restituida el habla, y le hicieron mayordomo.  Y de tal modo se repartieron sus trabajos para que pudiera soportarlos. Y en ellos bastantes monaguillos engendró pero con tal discreción se procedió en esto que nada llegó a saberse. Así, Masetto, viejo, padre y rico, sin tener el trabajo de alimentar a sus hijos ni pagar sus gastos, por su astucia de haber sacado partido a su juventud, al lugar de donde había salido tiempo atrás volvió, afirmando que así trataba Cristo a quien le ponía los cuernos sobre la guirnalda. 

viernes, 9 de marzo de 2012

EDGAR ALLAN POE: EL GATO NEGRO

Edgar Allan Poe fue un escritor, poeta, crítico y periodista romántico estadounidense, reconocido como uno de los maestros universales del relato corto. Fue renovador de la novela gótica, recordado especialmente por sus cuentos de terror y considerado como el inventor del relato detectivesco.

En los cuentos góticos los temas de las historias suelen estar relacionados con la muerte, incluyendo sus manifestaciones físicas, los efectos de descomposición de los cadáveres.
En sus relatos Poe valoraba por encima de todo la imaginación, la originalidad y la verosimilitud, como se puede observar en "El Gato Negro".
El Gato Negro es un cuento de horror y está considerado como uno de los más espeluznantes de la historia de la literatura.
Este relato combina tanto elementos de horror como psicológicos, los cuales nos llevan a la expresión de terror psicológico, que podría definirse como fórmula literaria que incluye miedo, enajenación y arte.
El texto presenta a un hombre totalmente contrario al del Renacimiento. El protagonista es soberbio y acaba apresado por la policía como consecuencia de su exceso de confianza.
Podemos comprobar el planteamiento que hace de la filosofía de la perversidad y vemos en el personaje su tranquilidad a la hora de contar cómo mataba y su carencia de remordimientos.
Vemos como el personaje va evolucionando y pasa de ser un hombre cariñoso con los animales a matarlos sin escrúpulos. Este sentimiento de maldad y perversidad viene causado por el terror que comienza a sentir hacia el animal.

Día Internacional de la Mujer Trabajadora

Hoy, una vez más, y desde hace 101 años, se homenajea a todas las mujeres del mundo en reconocimiento a su labor y su lucha durante décadas. Sin embargo, a pesar de que en países como el nuestro aparentemente la mujer se encuentra a día de hoy en igualdad respecto al hombre, la realidad es distinta: sigue existiendo una situación de inferioridad para el género femenino, en especial en lo que se refiere a los derechos laborales. El porcentaje de estudiantes universitarias supera al de hombres, y, sin embargo, ellos ocupan un mayor número de puestos de trabajo. Datos como este demuestran que la lucha por la igualdad de género y por los derechos de la mujer debe continuar. A lo largo del último siglo se han producido grandes avances en esta reivindicación, pero no hay que engañarse: todavía queda camino por recorrer, y una muestra de ello es el hecho de que se celebre El Día de la Mujer Trabajadora cada 8 de marzo, lo cual evidencia que existe una desigualdad.

En mi opinión, el 8 de marzo debe continuar figurando en el calendario como una fecha señalada, si bien es cierto que, a mi parecer, no debería tratarse de una "celebración" en sí, ya que ellos supondría haber alcanzado unos objetivos que todavía quedan un poco lejanos. El Día Internacional de la Mujer Trabajadora debería servir para reivindicar una igualdad real, sin que ello se convierta en una fecha comercial objeto del consumismo en compensación a la mujer que todavía se encuentra en una posición desfavorecida. Además, no debemos olvidar que no en todo el mundo a las mujeres les son reconocidos los mismos derechos ni sus labores; a veces, nos conformamos con mirar a nuestro alrededor y comprobar que las cosa marchan relativamente bien, olvidando los problemas que existen más allá de nosotros mismos. Si una cosa me queda clara es la siguiente: lo verdaderamente ideal sería que algún día no muy lejano esta igualdad fuera total y tan real que no existiera la necesidad de destacar una fecha como el 8 de marzo.




María José Zamorano
8-3-2012

miércoles, 7 de marzo de 2012

Poe: versiones cinematográficas y continuadores

A continuación tenéis dos documentos interesantes sobre la obra y la influencia de Edgar Alan Poe. Corresponden a dos artículos de El país, con mínimas modificaciones.
Del primero (6/marzo/2012) aprovecharemos la pequeña guía que presenta sobre  algunas de las adaptaciones al cine más célebres de la obra de Poe. El segundo corresponde a un artículo de Fernando Sávater ( 24/1/2009) titulado Los hijos de Poe.
Adaptaciones al cine:
 • La caída de la casa Usher. Destacamos dos versiones sobre este relato. La primera, la de Jean Epstein y Luis Buñuel, de 1928, que por cierto acabaron muy mal ya que Epstein se desentendió bastante de la historia original, ante lo que Buñuel se llevó las manos a la cabeza. La segunda versión es la de Roger Corman y Vincent Price de 1960. Supuso el inicio de las grandes películas B de Corman con temática Poe.
El gato negro. Los estudios Universal de la primera mitad del siglo XX son sinónimo de películas de terror. Poe fue una de las grandes influencias. Destacamos la adaptación de 1941 de Albert Rogell, con Bela Lugosi en el reparto.
• Los crímenes de la calle Morgue (1932). Bela Lugosi, un año después de ser Drácula, protagonizó esta versión que sufrió tijeretazos de la censura en varias escenas de asesinatos.
El cuervo. Probablemente la historia más famosa de Poe. Destacamos tres versiones totalmente diferentes. La primera, la adaptación de 1935 con Lugosi y Karloff a la cabeza. La segunda, la de Corman de 1964, que contó de nuevo con Karloff, por cierto, acompañando a Vincent Price y Peter Lorre.  Y la tercera, la versión en corto (16 minutos) que Tinieblas González y Karra Elejalde hicieron en 1999.
• El péndulo de la muerte (1961). Segunda incursión de Corman y Vincent Price en el universo Poe.
La obsesión (1963). Adaptación de Corman de La inhumación prematura.
La tumba de Ligeia (1964). La última película de Corman sobre el autor de Baltimore.
Historias extraordinarias. En 1968, tres grandes cineastas europeos, Louis Malle, Roger Vadim y Federico Fellini adaptaron varios relatos de Poe con un reparto variopinto: Briggitte Bardot, Terence Stamp, Jane Fonda…

 En el siguiente vídeo, podéis oír a Vincent Price, leyendo El Cuervo (en su idioma original, lógico, y con subtítulos; así reforzáis vuestro conocimiento del inglés : 



Los hijos de Poe
De pocos autores puede decirse que hayan dado origen a un nuevo género literario, pero a Edgar Allan Poe se le atribuye a justo título la paternidad de dos: el cuento fantástico moderno y la narración detectivesca. Dejemos en esta ocasión a un lado a Dupin y su progenie de sabuesos. Poe introduce en literatura el virus hasta hoy felizmente incurable de una nueva forma de lo macabro y lo espeluznante, elementos ancestrales de los relatos desde que los primeros humanos se sentaron a escucharlos en torno al fuego recién inventado, mientras en la negrura circundante acechaban los tigres de dientes de sable y barritaban los mamuts. Sin duda el autor norteamericano toma algunos ingredientes para su pócima -la comicidad grotesca, los personajes caricaturescos y las visiones opiáceas- del inevitable E. T. A. Hoffmann, pero su receta es absolutamente personal. Para empezar, descarta las concesiones a la superstición, a la leyenda milagrosa y a los demonios de sacristía. Su pánico no viene de fuera sino que nace en el interior descreído del hombre moderno. Como bien aclara en el prefacio de sus Cuentos de lo grotesco y arabesco con orgullo de precursor: "Si el terror ha sido el tema de buena parte de mis obras, este terror no proviene de Alemania sino de mi alma".
En sus narraciones lo sobrenatural siempre es la prolongación de lo natural por otros medios: lo que desafía a las leyes de la naturaleza es la subjetividad que las interpreta y quisiera transgredirlas hasta sacudirse su yugo fatal. En la mayor parte de los casos los cuentos están narrados en primera persona para que el lector tenga menos escapatoria cuando llegue lo irremediable. Sus protagonistas llevan dentro de sí una grieta precursora del inminente desastre, como la fachada de la casa Usher. Por esa grieta penetran -o salen- los espectros encarnados del pavor. Pero no hay en dichos relatos concesiones a la vaguedad ni la incoherencia de corte romántico: son artefactos lógicos, de precisión clínica, en los que cada acontecimiento y cada detalle ambiental se encaminan a producir un efecto único y traumático. Por eso resultan inolvidables y hasta quienes menos aprecian sus recursos truculentos no pueden ya librarse nunca de lo que les sucedió al encontrarse por vez primera con el corazón delator o cuando conocieron al señor Valdemar.
Es difícil comprimir en pocas líneas la nómina de seguidores que tiene Poe, tanto entre los escritores como primordialmente entre los lectores, aunque naturalmente sólo puedo referirme con nombres y apellidos a aquellos. Los primeros estuvieron, por supuesto, en su propio país, como su contemporáneo de origen irlandés Fitz James O'Brien (su impresionante cuento ¿Qué era aquello? prefigura El Horla de Maupassant y las pesadillas de Lovecraft, ambos también discípulos del bostoniano) o Ambrose Bierce, el mejor de todos por su humor macabro y el trato familiar con fantasmas, que sólo igualará M. R. James. Después Baudelaire lo importa a Europa y así impregna a los mejores de cada país: Villiers de l'Isle-Adam, Gustavo Adolfo Bécquer (algunas de sus Leyendas cuentan entre lo más exquisito del género), Sheridan Le Fanu o el mismísimo Charles Dickens. Quizá el mejor heredero de Poe sea R. L. Stevenson, no sólo en la obra maestra Jeckyll y Hyde sino también en Olalla o Markheim. Después, Arthur Machen, El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde y la lista inacabable de los contemporáneos: Borges, que sigue la línea lógica y cosmológica menos frecuentada, Robert E. Howard (Palomos del infierno, La sombra de la bestia), Ray Bradbury, Julio Cortázar, Richard Matheson (¡aquella negra maravilla de tres páginas con que se dio a conocer, Nacido de hombre y mujer!), Robert Bloch, Jean Ray, Stephen King o buenos autores españoles como José María Latorre o Pilar Pedraza... Porque ¿quién de los que ayer o incluso hoy mismo de verdad cuentan no sigue la traza de Poe, es decir, su poe-ética?

Lamentamos que su vida fuese breve, como si supiésemos cuánto debe durar la vida de cada cual para realizarse plenamente. Y le compadecemos porque fue desdichado, atendiendo superficialmente a su neurosis, a su pobreza, a la pérdida temprana de su amada Virginia, a su alcoholismo... Demasiada presunción por parte de nosotros, los felices. ¿Desdichado? Nada sabemos del gozo sombrío de inaugurar esa alameda rigurosa y siniestra por la cual aún transitamos, con la jauría infernal en los talones. Quizá él nos espera, sonriente y verdoso, al otro lado.


martes, 28 de febrero de 2012

Goethe : Las cuitas del joven Werther


Johann Wolfgang von Goethe es el gran escritor por excelencia de las letras alemanas. Su primera novela, .Las cuitas del joven Werther,  (Las desventuras, en otras traducciones) sitúa a su autor como guía del movimiento Sturm und Drang   y marca el comienzo, no sólo del Romanticismo, sino de la literatura alemana propiamente dicha, que hasta entonces había subsistido a base de modelos franceses e ingleses. 


La obra, que  incluye elementos autobiográficos y se presenta bajo el género epistolar, presenta el siguiente argumento:
El joven Werther, a través de una serie de cartas enviadas a su amigo Wilhelm narra todos los sucesos que le ocurren en su traslado a un pequeño pueblo llamado Wahlheim, donde se dedicará a sus aficiones favoritas, la lectura y la pintura.
Allí conocerá a una serie de personajes que calarán en su vida: una mujer y sus hijos, un joven enamorado de una viuda para la que trabajaba y que le hizo enloquecer, el administrador del príncipe. Pero sin duda, su vida cambiará cuando conozca a Lotte, hija del administrador y de la que se enamora profundamente desde la primera vez que la ve. A pesar de su compromiso con Albert, Werther no perderá la esperanza de poder conquistar el corazón de la joven Charlotte. Sus continuas visitas a la joven aumentarán los deseos, así como el amor que siente por ella, llegando, en ocasiones, a creer que es correspondido.
Aconsejado por su amigo Wilhelm, abandona el pequeño pueblo para ir a trabajar a la ciudad como secretario del  Embajador.  Pero  las  relaciones  entre  ambos  no  son  nada  buenas,  así como la añoranza que tiene el protagonista, tanto del pequeño pueblo de donde procede, como de su amada Lotte.  Por  todo  ello,  el  joven  decide  regresar  a  la  pequeña  aldea,  pero  allí  todo  ha cambiado: Lotte se ha casado, la madre de los niños ha perdido a uno de ellos, y el joven enamorado de la viuda ha cometido un terrible asesinato por el que es encarcelado. Todo ello conlleva que la vida se le haga insoportable. Unido a ello, continúa el   profundo  amor    que  siente por Lotte y que va aniquilando su personalidad. Ésta, entristecida por los desórdenes emocionales de Werther, decide alejarse y poner distancia en la relación que, tiempo atrás, tanto los unió. Este hecho trastorna mucho más a Werther quien, enloquecido, visita por última vez a Lotte, consigue abrazarla y besarla y marcha a su casa, donde pondrá fin a su vida pegándose un tiro con unas pistolas prestadas por Albert.






Fragmentos:



22 de mayo
La vida humana se reduce a un sueño, esto es lo que muchos han creído, y tal idea no deja de perseguirme. Cuando me detengo a pensar en los estrechos límites en que están circunscritas las facultades activas e intelectuales del hombre; cuando veo acabarse todos sus esfuerzos por satisfacer algunas necesidades que no tienen más intención que prolongar la desgraciada vida; que toda nuestra confianza o tranquilidad sobre ciertos puntos de la ciencia, es sólo una resignación fundada sobre quimeras y ensueños, y producida por esta ilusión que cubre las paredes de nuestra prisión con pinturas diversas y perspectivas de luz; todo esto me deja mudo, amigo Guillermo. Me reconcentro y encuentro en mi ser todo un mundo; pero un mundo fantástico, creado por presentimientos, por deseos sombríos, en el que no se halla ninguna acción viva. Todo nada, todo flota ante mí, cubierto de una espesa nube y yo me adentro en ese caos de ensueños con una sonrisa en la cara. Pedagogos, maestros, todos acuerdan que los niños no saben lo que quieren; pero que también nosotros, niños grandes, damos traspiés por este mundo sin saber de dónde procedemos o adónde nos dirigimos; lo mismo que los pequeños, obramos sin intención; igual que los niños nos dejamos llevar por golosinas de diferentes tipos o por el castigo; esto es lo que nadie quiere creer, ni convenir en ello; y según yo es, sin embargo, una cosa evidente.
En fin, concedo gustoso (porque sé lo que vas a contestar) que los venturosos sean aquellos que, como niños, viven al día, llevan su muñeca de un lugar a otro, la visten, le quitan la ropa, pasan y repasan respetuosos delante del cajón donde mamá tiene las golosinas y que cuando saborean alguna lo hacen ansiosos y a gritos piden más.
Pues bien, sí, ¡he ahí criaturas afortunadas! ¡Venturosos también los que bautizan con un nombre pomposo o un título imponente sus fútiles ocupaciones e incluso sus mismas pasiones, para presentarlas al género humano como obras gigantescas, emprendidas para traerle mayor prosperidad o para salvarle!
Por mi parte, repito: buen provecho tengan, tanto ellos como los que quieran o puedan creer como ellos. Pero el que en su humildad reconoce lo inútil de todas esas vanidades; el que ve al hombre acomodado arreglar su jardín como un paraíso, y al mismo tiempo ve pasar a un desgraciado jornalero encorvado bajo el peso de una carga abrumadora, sin desanimarse, y que ambos en fin muestran el mismo interés en contemplar siquiera un minuto más la luz del sol; ése está tranquilo, crea su universo en sí mismo y se considera feliz sólo por ser hombre. Por limitado que sea su poder, abriga siempre en su corazón el sentimiento y sabe que puede dejar esta cárcel cuando así lo disponga.

18 de agosto
¿Es preciso que lo que constituye la felicidad del hombre sea de igual forma el origen de su miseria? Aquel sentimiento cálido y pleno de mi corazón ante la vivaz naturaleza, que inundaba mi alma con torrentes de delicias y convertía en un paraíso el mundo que me rodea, ha llegado a ser un insoportable verdugo, un espíritu que me atormenta y me persigue por todas partes. Cuando miraba otras veces desde las crestas de las rocas, más allá del río, hasta las lejanas colinas, el fértil valle y veía que todo germinaba con lozanía a mi alrededor; cuando veía estas montañas bordadas, desde la falda hasta la cima, de espesos y corpulentos árboles; estos valles salpicados de risueña floresta en todos sus contornos; el arroyo apacible que deslizaba, adormecido por leve ruido de los cañaverales, reflejando las matizadas nubes, que la brisa suave de la tarde se balanceaba en el cielo; cuando oía a los pájaros, animando con su voz la enramada, mientras copiosísimo enjambre de insectos jugueteaba alegre en los últimos rayos del sol, a cuyo destello el escarabajo, oculto antes debajo de la hierba, abandonaba, zumbando, su prisión; cuando el ruido y la vida llamaban mi atención hacia la tierra y el musgo que arranca su alimento a la dura roca y las retamas que crecen en la pendiente de la seca colina, me descubría la íntima, ardiente y santa existencia de la naturaleza, ¡con qué júbilo tomaba todos estos objetos mi corazón emocionado! Yo estaba como un dios en este mar de riqueza, en este enorme universo, cuyas formas sublimes parecían moverse, animando toda mi creación en lo más profundo de mí. Me rodeaban enormes montañas; tenía delante de mi desfiladeros de gran hondura, donde se precipitaban torrentes de tempestad; los ríos se deslizaban bajo mis pies; oía un rugido en los bosques y los montes, agitándose y confundiéndose todas estas fuerza enigmáticas en las profundidades terrestres, mientras sobre ella, y bajo el cielo, revoloteaban las razas infinitas de los seres que lo pueblan todo de mil maneras diferentes. Y los hombres se consideran reyes de este vasto universo, acurrucándose juntos en el nido de sus pequeñas moradas. ¡Pobre loco, a quien todo debe parecer mezquino, porque eres muy pequeño! Desde la inaccesible montaña y el desierto que ningún pie ha pisado a la fecha, hasta la última orilla de los océanos desconocidos, lo anima todo el espíritu del creador, gozándose en estos átomos de polvo, que viven y lo entienden. ¡Ah!, cuántas veces deseaba entonces, con las alas de la garza que pasaba sobre mi cabeza, trasladarme a las costas de ese inmenso mar, para beber en la espumosa copa de lo infinito esas dulces delicias y sentir, aunque sólo fuera por un instante, en el corazón, una gota de felicidad del ser que todo lo engendra en él y por él. Hermano mío, el recuerdo de tales momentos es suficiente para darme fuerza. Más aún, los esfuerzos que hago para recordar estos sentimientos inexpresables, para alcanzar a entenderlos, elevan mi alma sobre sí misma y me obligan a sentir la doble angustia de mi estado actual.
Parece que se ha levantado un velo delante de mi alma y el escenario de la vida interminable no se convierte ante mis ojos en el abismo de la tumba, siempre abierta. ¿Puedes decir “esto existe” cuando todo pasa, cuando todo se precipita con la rapidez del rayo, sin conservar casi nunca sus fuerza, y se ve, ¡ay!, encadenado, tragado por el torrente y despedazado contra las rocas? No hay momento que no te consuma, que no acabe con los tuyos; no hay instante en que no seas, en que no debas ser destructor; tu paseo más inocente cuesta la vida a millares de pobres insectos; uno solo de tus pasos destruye los dedicados edificios de las hormigas y sumerge todo un pequeño mundo en una tumba.
¡Ah!, no son las enormes y escasas catástrofes del mundo, no son las inundaciones, los temblores de tierra, que acaban con nuestras ciudades, lo que me conmueve, no. Lo que me lastima el corazón es la fuerza devoradora que se oculta en la naturaleza, que no ha producido nada que no destruya a su prójimo y a sí mismo.
De este modo, avanzo yo con angustia por mi camino de poca seguridad, cubierto por el cielo, la tierra y sus fuerzas activas; y sólo veo un monstruo dedicado noche y día a devorar y destruir.

6 de diciembre
Su imagen me persigue: que duerma o que vele, ella sola llena toda mi alma. Cuando cierro los ojos, en el cerebro, donde se halla la potencia de la vista, distingo con claridad sus ojos negros. No puedo explicarme esto. Me duermo y los veo también: siempre están ahí, fascinantes como el abismo. Todo mi ser, todo, no puede separarse de ellos.
¿Qué es el hombre, ese semidiós ensalzado? ¿No le falta la fuerza cuando más la necesita? Y cuando abre las alas en el cielo de los placeres, lo mismo que cuando se sumerge en la desesperación, ¿no se ve siempre detenido y condenado a convencerse de que es débil y pequeño, él, que esperaba perderse en el infinito?
 ...

“Sereno y tranquilo tocaré la puerta de bronce del sepulcro. ¡Ah! ¡Si hubiera tenido la suerte de morir como sacrificio por ti! Con alegría y entusiasmo hubiera dejado este mundo, seguro de que mi muerte afianzaba tu descanso y la felicidad de toda tu vida. Pero, ¡ay!, sólo algunos seres con privilegios logran dar su vida por los que aman y ofrecerse en holocausto para centuplicar los goces de sus existencias amadas. Carlota: deseo que me entierren con el vestido que tengo puesto, pues tu lo has bendecido al tocarlo. La misma petición hago a tu padre. Mi alma se cierne sobre el féretro. Prohíbo que me registren los bolsillos. Llevo en uno aquel lazo de cinta rosa que tenías en el pecho el primer día que te vi, rodeada por tus niños… ¡Oh!, abrázalos mil veces y cuéntales la desgracia de su amigo. ¡Cómo los quiero! Aún los veo agitarse a mi alrededor. ¡Ay! ¡Cuánto te he amado, desde el momento primero de verte! Desde ese momento comprendí que llenarías vida… Haz que entierren el lazo conmigo... Me lo diste el día de mi cumpleaños y lo he guardado como una reliquia santa. ¡Ah! Nunca sospeché que aquel principio llevaría a este final. Ten calma, te lo suplico, no desesperes... Están cargadas… Oigo las 12… ¡Que sea lo que tenga que ser! Carlota… Carlota… ¡Adiós! ¡Adiós!"
Un vecino vio el fogonazo y oyó la detonación; pero, como todo permaneció en calma, no averiguó qué había sucedido.
A las seis de la mañana del siguiente día entró el criado en la alcoba con una luz y vio a su amo tendido, bañado en sangre y con una pistola. Le llamó y no consiguió respuesta. Quiso levantarle y vio que todavía respiraba. Corrió a avisar al médico y a Alberto. Cuando Carlota oyó la puerta, un temblor convulsivo se apoderó de su cuerpo. Despertó a su marido y se levantaron. El criado, entre llantos y sollozos, les dio la fatal noticia; Carlota cayó desmayada a los pies de su esposo.

 Puedes acceder al texto completo en:

http://www.ciudadseva.com/textos/novela/werther.htm


La muerte de Chatterton, 1856, Henry Wallis
        Curiosidades y anécdotas
  • Goethe mencionó en alguna ocasión que su «sufrimiento juvenil» fue en parte inspiración para la creación de la novela. Cuando terminó su estudio legal en el verano de 1772, Goethe encontró empleo en la Cámara Imperial del Sacro Imperio Romano Germánico en Wetzlar. Goethe cultivó la amistad del secretario Karl Wilhelm Jerusalem. La noche de 9 Junio, 1772, los dos amigos estaban presentes en un baile. En este evento social, Goethe conoció a la joven Charlotte Buff y su prometido, Johann Christian Kestner, un hombre mayor. Goethe se enamoró instantáneamente de Charlotte. Goethe galanteó a Charlotte y la relación entre ambos entró en un ciclo de amistad y rechazo. Charlotte fue honesta con Goethe, y le dijo que no había esperanza de una aventura. El 11 de septiembre, Goethe se fue sin despedirse.
  • Goethe reconoció el gran impacto personal y emocional que Las desventuras del joven Werther tenía en los jóvenes enamorados y deprimidos. En 1821, le comentó a su secretario que «Debe de ser malo, si no todos tienen un momento en su vida en el que sientan que Werther ha escrito solo para ellos».
  •  La obra fue el primer gran triunfo de Goethe y lo transformó de un desconocido a un autor célebre prácticamente de la noche a la mañana. Napoleón Bonaparte consideró la obra como uno de los trabajos más importantes en Europa. Esta novela le inspiró de joven a escribir un monólogo al estilo de Goethe, y de adulto, llevó siempre consigo una copia del Werther en sus campañas.
  •  La novela dio origen a un fenómeno llamado Werther-Fieber («Fiebre de Werther»). Los hombres jóvenes en Europa vestían la ropa que Werther usaba en la novela. También tuvo consecuencias en los primeros ejemplos conocidos de suicidio mímico, provocando, supuestamente, el suicidio de algunos lectores.
  • Quizá el cuadro más utilizado para ilustrar esta obra es el de Henry Wallis titulado  "La muerte de Chatterton ". Fue éste un poeta británico, experto imitador de manuscristos medievales que se suicidó a los dieciocho años en Londres ("hay tan poco espacio entre nosotros y el destino", escribió)   Chatterton consiguió despertar una gran admiración entre los escritores más destacados del Romanticismo. Escritor precoz,  a la edad de once años, compuso la égloga “Eleonure y Juga”, de la que afirmó que se trataba de un viejo manuscrito del siglo XV, inventando que el autor era el monje medieval Thomas Rowley. Tras su muerte se convirtió en un referente para los románticos( Alfred de Vigny escribió una obra que lleva su nombre; años más tarde Ruggero Leoncavallo 1896 compuso una opera)

jueves, 23 de febrero de 2012

Breve antología de la lírica romántica


Johann Wolfgang von Goethe:
Balada de Mignon


¿Conoces tú la tierra que al azahar perfuma
do en verde oscuro brillan naranjas de oro y miel,
donde no empaña el cielo caliginosa bruma
y entrelazados crecen el mirto y el laurel?
¿No la conoces? dime.
                            Es allí, es allí
                            donde anhelo ir contigo
                            a vivir junto a ti.


¿Conoces tú el palacio que un rey pomposo habita,
con pórtico y salones que alumbra tanta luz?
Y príncipes de mármol, que al verme: «¡Pobrecita!
diránme; ¿qué te has hecho? ¿de dónde vienes tú?»
                             Es allí, es allí
                             do quiero estar contigo
                             y vivir junto a ti.


¿Conoces tú aquel monte que une al abismo un puente,
que escalan las acémilas en lenta procesión,
donde retumba el trueno e hidrópico el torrente
se precipita altísimo con resonante son?
¿Conócelo, oh maestro?
                              Por ahí, por ahí
                              anhelo irme contigo
                              a vivir junto a ti.

Friedrich Holderlin

¿No es más bella la vida de mi corazón
desde que amo? ¿Por qué me distinguíais más
cuando yo era más arrogante y arisco,
más locuaz y más vacío?
¡Ah! La muchedumbre prefiere lo que se cotiza,
las almas serviles sólo respetan lo violento.
Únicamente creen en lo divino
aquellos que también lo son.











Novalis
Himno a la noche

¿Ha de volver siempre la mañana?
¿Jamás terminará el señorío de lo terrenal?
Desdichada actividad estorba el celestial vuelo de la noche.
¿No arderá eternamente el secreto sacrifico del amor?
Les ha sido medido su tiempo
a la luz
y a la vigilia...
Pero la soberanía de la noche es sin tiempo,
la duración del sueño es eterna.
¡Sueño sagrado!
Nunca dejes de traer la felicidad
a los consagrados a la noche,
en este trabajo diario de la tierra.








William Wordsworth:
Camposanto en el sur de Escocia

ACOTADO del hombre y al borde de una sima
donde el torrente espuma, veréis el cementerio.
Allí la liebre alcanza su más tranquilo sueño
y los elfos, nevados de luna, entran y danzan
para crédulos ojos. De aquelarre ni templo
no queda ya vestigio, pero allí se deslizan
desconsoladas gentes, que con velada angustia
le lloran su oración al viento y al celaje.
No hay tumbas orgullosas. Mas rudos caballeros,
que esculpiera el humilde querer de tiempos idos,
en tierra yacen, entre verdores de cicuta;
no es una mezcla triste, si quiebra el alba clara
el resplandor del césped, y cerca, en los arbustos,
coros primaverales entonan su alborozo.









Samuel Taylor Coleridge 
Desesperación (Despair)




He experimentado lo peor,
Lo peor que el mundo puede forjar,
Aquello que urde la vida indiferente,
Perturbando en un susurro
La oración de los moribundos.
He contemplado la totalidad, desgarrando
En mi corazón el interés por la vida,
Para ser disuelto y alejado de mis esperanzas,
Nada resta ahora ¿Por qué vivir entonces?
Aquel rehén, que el mundo mantiene cautivo
Otorgando la promesa de que aún vivo,
Aquella esperanza de mujer, la pura fe
En su amor inmóvil, que celebró en mi su tregua
Con la tiranía del amor, se han ido.
¿Hacia dónde?
¿Qué puedo responder?
¡Se han ido! ¡Debería romper el infame pacto,
Este vínculo de sangre que me ata a mi mismo!
En silencio lo he de hacer.


 Lord Byron
No volveremos a amar

Así es, no volveremos a vagar             
Tan tarde en la noche,
Aunque el corazón siga amando
Y la luna conserve el mismo brillo.
            
Pues así como la espada gasta su vaina,
Y el alma consume el pecho,             
Asimismo el corazón debe detenerse a respirar,
E incluso el amor debe descansar.
            
Aunque la noche fue hecha para amar,
Y los días vuelven demasiado pronto,             
Aún así no volveremos a vagar
A la luz de la luna.



Percy Bysshe Shelley 
Filosofía del Amor 

Las fuentes se mezclan con el río,
Y los ríos con el océano;
Los vientos del cielo se mezclan para siempre,
Con una dulce emoción;
Nada en el mundo es único,
Todas las cosas por ley divina
Se completan unas a otras:
¿Por qué no debería hacerlo contigo?


Mira, las montañas besan el alto cielo
Y las olas se acarician en la costa;
Ninguna flor sería hermosa
Si desdeña a sus hermanos:
Y la luz del sol ama la tierra,
Y los reflejos de la luna besan los mares:
¿De qué vale todo este amor
Si tu no me besas?

Jonh Keats
Oda a una urna griega

Tú todavía inviolada novia del sosiego,
criatura nutrida de silencio y tiempo despacioso,
silvestre narradora que así puedes contar
una historia florida con dulzura mayor que nuestro canto.
¿Qué leyenda orlada de hojas evoca tu figura
con dioses o mortales o con ambos,
en Tempe o en los valles de Arcadia?
¿Qué hombres o qué dioses aparecen? ¿Qué rebeldes doncellas?
¿Qué loca persecución? ¿Quién lucha por huir?
¿Qué caramillos y panderos? ¿Qué éxtasis salvaje? /.../


¡Ática forma! ¡Figura sin reproche! En mármol,
de hombres y doncellas guarnecida
y de silvestres ramos y de hierbas holladas.
Oh forma silenciosa que desafía nuestro pensamiento
como la eternidad. Oh fría pastoral.
Cuando a esta generación consuma el tiempo
tú quedarás entre otros dolores
distintos de los nuestros, tú, amiga del hombre, al que repites:
La belleza es verdad y la verdad belleza. Tal es cuanto
sobre la tierra conocéis, cuanto necesitáis conocer.


Lamartine
El lago


En la montaña a veces, a la sombra del roble,
cuando se pone el sol, tristemente me siento;
paseando mi mirada al albur sobre el llano,
cuyo cuadro cambiante a mis pies se despliega.
Acá resuena el río de olas espumosas;
serpentea y se hunde en la lejanía obscura;
allá el inmóvil lago prolonga su agua quieta
do la estrella nocturna en el azul se eleva./.../
Entretanto, elevándose desde la flecha gótica,
su religioso son se expande por los aíres:
el viajero se para, y la campana rústica
mezcla a los ruidos últimos del día conciertos sacros.
Mas a estos dulces cuadros mi alma indiferente
no experimenta ante ellos reducción ni transpones;
yo contemplo la tierra como una sombra errante,
pues ya el sol de los vivos no calienta a los muertos.
De colina en colina pasa mi vista en vano,
del sur al aquilón, de la aurora al ocaso,
recorro todo punto de la inmensa extensión,
y digo: “En ningún sitio me espera la ventura”
¿A qué pues estos valles, palacios y cabañas,
para mí objetos vanos cuyo encanto se ha ido?
Ríos, rocas y bosques, soledades queridas,
¡un solo ser os falta y todo está desierto!
Que la vuelta del sol o comience o se acabe,
con ojo indiferente yo lo sigo en su curso;/.../.
Mas quizá más allá de los bornes de su círculo,
donde el sol verdadero ilumina a otros cielos,
¡si pudiera dejar mi despojo en la tierra,
lo que tanto he soñado estaría ante mis ojos!
¡Allí, me embriagaría de la fuente a que aspiro,
allí, reencontraría la ilusión y el amor,
y ese bien ideal que toda alma desea,
y que no tiene nombre en la estancia terrestre!/.../
¡No hay nada de común entre la tierra y yo!
Cuando la hoja del bosque caiga ya en la pradera,
y por vientos mecida sea arrancada a los valles,
a mí, que me asemejo a la hoja marchitada:
¡llevadme como a ella, tempestuoso aquilón!.


Víctor Hugo
   La Belleza Y La Muerte 

La belleza y la muerte son dos cosas profundas,
con tal parte de sombra y de azul que diríanse
  dos hermanas terribles a la par que fecundas,
con el mismo secreto, con idéntico enigma.
  Oh, mujeres, oh voces, oh miradas, cabellos,
trenzas rubias, brillad, yo me muero, tened
luz, amor, sed las perlas que el mar mezcla a sus aguas,
aves hechas de luz en los bosques sombríos.
Más cercanos, Judith, están nuestros destinos
de lo que se supone al ver nuestros dos rostros;
el abismo divino aparece en tus ojos,
y yo siento la sima estrellada en el alma;
mas del cielo los dos sé que estamos muy cerca,
tú porque eres hermosa, yo porque soy muy viejo.

 Giacomo Leopardi

Reposarás por siempre,
cansado corazón! Murió el engaño
que eterno imaginé. Murió. Y advierto
que en mí, de lisonjeras ilusiones
con la esperanza, aun el anhelo ha muerto.
Para siempre reposa;
basta de palpitar. No existe cosa
digna de tus latidos; ni la tierra
un suspiro merece: afán y tedio
es la vida, no más, y fango el mundo.
Cálmate, y desespera
la última vez: a nuestra raza el Hado
sólo otorgó el morir. Por tanto, altivo,
desdeña tu existencia y la Natura
y la potencia dura
que con oculto modo
sobre la ruina universal impera,
y la infinita vanidad del todo.

Edgar Allan Poe 
Un Sueño dentro de un Sueño 


¡Toma este beso sobre tu frente!
Y, me despido de ti ahora,
No queda nada por confesar.
No se equivoca quien estima
Que mis días han sido un sueño;
Aún si la esperanza ha volado
En una noche, o en un día,
En una visión, o en ninguna,
¿Es por ello menor la partida?
Todo lo que vemos o imaginamos
Es sólo un sueño dentro de un sueño.

Me paro entre el bramido
De una costa atormentada por las olas,
Y sostengo en mi mano
Granos de la dorada arena.
¡Qué pocos! Sin embargo como se arrastran
Entre mis dedos hacia lo profundo,
Mientras lloro, ¡Mientras lloro!
¡Oh, Dios! ¿No puedo aferrarlos
Con más fuerza?
¡Oh, Dios! ¿No puedo salvar
Uno de la implacable marea?
¿Es todo lo que vemos o imaginamos
Un sueño dentro de un sueño?