martes, 29 de marzo de 2011

La forma de entender el arte según Flaubert

El objetivo de Flaubert en el arte fue crear la belleza, y esta concepción chocó a menudo con los problemas morales y sociales que representaba retratar la realidad. Trabajó despacio y cuidadosamente, y, a medida que trabajaba, su idea acerca del arte se volvía más exacta.
Su ambición fue lograr un estilo "tan rítmico como el verso y tan preciso como el idioma de ciencia" (la carta a Louise Colet del 24 de abril de 1852).

La aportación decisiva de Gustave Flaubert a la literatura fue el uso del tópico. Flaubert percibió que el mundo, socialmente hablando, que nos rodea no está construido con realidades sino con tópicos, es decir, el mundo es el lugar de las palabras ya dichas. A diferencia de Balzac, a diferencia de Zola y los demás naturalistas, Flaubert no pretendía explicar el funcionamiento social, sino limitarse a recoger el tejido verbal que lo compone. A la materialidad del mundo se superpone el envoltorio verbal que lo hace ser humano y social. El hombre se apropia del mundo a través del lenguaje y es de ese mundo apropiado, humanizado, del que se ocupó Flaubert.
Flaubert no buscaba un estilo propio en el sentido romántico, un estilo que lo identificara como G. Flaubert. Necesitaba lograr el "discurso de todos los discursos", la palabra que, siendo nueva, no anulara las otras palabras. La obra de Flaubert es una gigantesca cita, no ya de las obras literarias del pasado -que también se introducen como parte de ese mundo-, sino de la sociedad en la que vivió. Si el mundo es un gigantesco texto polifónico, Flaubert lo recogió con esmero. Por eso Flaubert no se dedicó tanto a observar el mundo que le rodeaba, sino a estudiar a aquellos que lo habían descrito.

Repetía a menudo que no existía cosa tal como un sinónimo y que un escritor tenía que rastrear "la única palabra correcta" para concretar su idea con precisión. Pero al mismo tiempo, siempre quiso dar una cadencia y una armonía de sílabas sonoras a su prosa, para que no sólo apelara a la inteligencia del lector sino también a su subconsciente, de la misma manera que lo hace la música, así tiene un efecto más penetrante que el sentido no más de las palabras a su valor de la cara. La composición para él era una angustia real.

Para entender plenamente la intención de Flaubert quizá sea necesario empezar por el final, por Bouvard y Pécuchet, su novela inacabada, la historia de los dos burgueses que deciden dedicar su vida a la recolección de los saberes de la época. El intento desemboca en el Diccionario de Ideas Recibidas, en el que se ordenan las ideas que los hombres les incorporamos a las palabras

En cuanto a Madame Bobary, elevar lo cotidiano y lo vulgar a categorías artísticas, mediante el trabajo del estilo, reivindicar para la novela los temas de las «vidas ordinarias» y dar a la prosa la sonoridad, precisión, armonía y ritmo de la poesía, así como la claridad, rapidez y apasionamiento del drama, tales eran los objetivos que Flaubert se había propuesto para Madame Bovary y que fueron plenamente alcanzados, según observó Baudelaire, en su tiempo.
Aprovechamiento de los acontecimientos de la vida ordinaria y obsesión por la forma son las ideas clave que centran la atención del autor de Madame Bovary. Sus discípulos inmediatos y más lejanos, sin dejar de reconocer el magisterio de Flaubert, se inclinan en una o en otra dirección, dividiéndose ya en vida de Flaubert en «realistas» y «formalistas».

Pero este aislamiento en que se mantuvo Flaubert no le impidió su comunicación con la sociedad a través de su creación literaria, haciendo de su novela un instrumento de participación negativa en la vida. Su obra pone en cuestión los valores de una época y es una fuente insustituible para conocer la sociedad que la inspiró.



Alba López y Adriana Atienza

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