jueves, 21 de marzo de 2013

Realismo y Naturalismo


Tema IV: Realismo y Naturalismo

El Realismo es una corriente estética de las artes que se da en toda Europa en la segunda mitad del siglo XIX y que tiende a la representación de lo real y lo concreto, evitando cualquier tratamiento idealizador o subjetivo. Si el Romanticismo buscaba la fuente de inspiración en el mundo interior (intimismo, subjetividad, sentimentalismo, evasión...), el Realismo intenta reflejar la realidad externa de forma objetiva y despersonalizada por medio de la observación y la documentación. Para ello utiliza como género principal la novela.
         Para el triunfo del Realismo tienen importancia fundamental las transformaciones sociales que se van produciendo a lo largo del siglo XIX y que traen como consecuencia el ascenso de la burguesía, que se confirma como clase dominante. La novela realista está vinculada a un público burgués, cansado del sentimentalismo y del idealismo romántico, demanda temas más cercanos a su entorno inmediato y personajes con los que pueda identificarse. Los héroes apasionados e idealistas de la literatura romántica son sustituidos por personajes comunes, de clase media que viven conflictos propios de su época y con los que el lector se identifica.
         El proletariado, clase social que surge con las revoluciones industriales, aparece esporádicamente; será la novela naturalista la que dé protagonismo a personajes de la clase obrera y refleje las situaciones de injusticia en las que vive.
El Realismo brilla como expresión literaria especialmente en Francia, Inglaterra y Rusia. El aumento demográfico de las poblaciones industriales y el desarrollo económico, junto a las desigualdades coinciden con el Realismo. Rusia, sumida en un sistema feudal, acoge las influencias del occidente continental gracias a sus intelectuales. Los avances científicos se verán también reflejados de modo diverso en las narraciones de esta época. Así, los trabajos de Darwin y Mendel contribuirán a la delineación de personajes, ambientes y círculos sociales en las novelas.

Desde el punto de vista literario, las características del Realismo son las siguientes:
  • Se intenta reflejar la realidad con exactitud y objetividad imitando el método científico. Para ello se fundamenta en la observación  Los novelistas se documentan sobre el terreno, tomando minuciosos apuntes sobre el ambiente, las gentes , la indumentaria...Las narraciones no buscan ni lugares ni tiempos lejanos, sino que abren una ventana al tiempo contemporáneo del escritor.  La descripción detallada es un instrumento fundamental que posee el autor para crear  ambientes, lugares y costumbres determinados, acordes con el individuo.
  • La novela debe ser verosímil, debe tener apariencia de verdadera. La fidelidad descriptiva se ejerce en dos direcciones: los ambientes y la psicología de los caracteres.
  • La narrativa realista concentra su acción en las aventuras y aconteceres de un personaje concreto. El medio ambiente puede influir en las actuaciones del protagonista, ya que aquel condiciona los modos y decisiones de este. El protagonista se moverá entre una serie de valores que imperan en la sociedad que lo rodea, asimismo buscará su éxito y fortuna, en muchos casos a través de la institución del matrimonio.
  • Los personajes pueden reflejar un grupo social o atender a una intención marcadamente individualista. En ocasiones aparecen personajes tipo, aunque no son excepcionales. Predominan los que pertenecen a la burguesía.
  • El narrador es omnisciente. Conoce todo lo que acontece y puede penetrar en la mente de los personajes. Intenta ser aséptico y no mostrar ninguna inclinación por unos u otros personajes; a veces, el autor adopta una actitud de “cronista” y tiende a desaparecer- pero, en otras ocasiones realiza comentarios que tratan de influir en la opinión del lector.
  • El lenguaje es una herramienta para narrar. No importa tanto la belleza poética como las acciones que se cuentan. Se trata de un lenguaje denotativo, con una profunda carga de objetividad y precisión. Con la descripción detallista del Realismo aparecen dialectos, registros, jergas, pronunciaciones y modismos propios de diversos lugares, tipos y estratos sociales. Se pone empeño en adaptar el lenguaje a la índole de los personajes.
  • Se descubren lacras de la sociedad con una actitud crítica, que responderá en cada caso a la orientación ideológica del autor. Renace la idea de un “arte útil”: la novela debe contribuir a la reforma o al cambio de la sociedad, en un sentido o en otro.
El Naturalismo.
Surge como una evolución del Realismo al abrigo de las teorías filosóficas y científicas revolucionarias de la época. El positivismo de Auguste Comte y el determinismo de Darwin llevan a que Émile Zola incluya en sus novelas la idea de que los personajes están atrapados por el medio en el que nacen y crecen. La naturaleza y sus condicionantes genéticos lo van a colocar en una posición prácticamente inamovible marcada por un hado fatal que recuerda al de los héroes clásicos. El Naturalismo expone las miserias humanas, dibujando las penurias de las clases más desfavorecidas en las que brotan los instintos más básicos y primitivos del ser humano. Muchas veces la narrativa naturalista se transmite mediante las novelas de tesis: se denuncia una sociedad corrupta, el escritor mira con desencanto el momento en que vive y se culpa a las instituciones más reaccionarias como la Iglesia y el ejército.
En los postulados de este movimiento influyen:
  • El materialismo: el hombre es, ante todo, un organismo, todos sus comportamientos se explican por su fisiología. Las leyes que rigen su organismo deben explicar las reacciones anímicas.
  • El determinismo: el hombre no es libre porque actúa impulsado por las presiones del medio ambiente en que vive y por el peso de la herencia.
 La herencia biológica le marca al individuo su destino, determina la línea de su comportamiento.
 Las circunstancias sociales restringen las opciones del hombre para orientar su vida, añadiéndose a sus condicionamientos biológicos.

Son propios del Naturalismo los siguientes elementos:
  • La Naturaleza se toma como modelo de imitación por parte del artista.
  • La novela es cientifista. Más que entretener pretende enseñar siguiendo un método científico basado en la observación, la objetividad y la precisión. El novelista debe experimentar con los personajes, situándolos en determinadas situaciones y comprobando cómo sus actos se explican por la influencia de la herencia y de las circunstancias. Influencia de la ciencia experimental de Claude Bernard : el novelista debe actuar como un médico con sus pacientes o un biólogo con sus cobayas.
  • La descripción constituye un elemento fundamental en las construcciones narrativas naturalistas.
  • Predilección por la representación de las clases bajas o marginales, los ambientes más sórdidos, con personajes que suelen actuar más por instinto que condicionados por las normas morales de la sociedad: abundan los personajes tarados, alcohólicos, psicópatas, seres que obedecen, sin saberlo, a sus impulsos hereditarios.
  • El lenguaje se ve privado de toda su carga poética. Se hace más precisa la reproducción del lenguaje hablado
  
Los realistas franceses.
La nueva estética literaria  se manifestó en todos los géneros, pero fue en la novela en el que alcanzó unas cotas más altas. El tránsito entre el Romanticismo y el nuevo movimiento no se  produce de una forma brusca, sino gradual, a través de unos autores y obras que están a caballo entre Romanticismo y Realismo.
 Podemos decir que el movimiento realista surge en Francia con la aparición del novelista Stendhal, que escribió sus novelas basándose en el análisis psicológico de los personajes y en la práctica de la observación. Según Stendhal, la novela debe ser "como un espejo colocado a lo largo del camino". Stendhal es un novelista que todavía está a caballo entre Romanticismo y Realismo: muchos de sus personajes y ambientes son románticos, pero su técnica es ya puramente realista: la descripción fiel de la realidad circundante.  Aunque podamos considerar  a Stendhal ya como un autor realista, los verdaderos iniciadores del género fueron los novelistas Balzac y Flaubert
Stendhal (1783-1842)
Bajo este pseudónimo se esconde Henri-Marie Beyle, francés enamorado de Italia que destaca especialmente por dos de sus obras: Rojo y negro y La cartuja de Parma. Nacido en Grenoble, abandona su ciudad para instalarse en París, pero en lugar de permanecer allí se enrola en los ejércitos napoleónicos y con ellos recorre Europa. Finalizado el Imperio, vuelve a la capital gala movido por sus ansias literarias, pero una vez más sucumbe a su ser nómada: ejerce como cónsul en varios países del continente. Solo vuelve a París para morir. Personaje casi teatral, enamoradizo y rodeado de múltiples amantes, emplea numerosos pseudónimos pero sin duda el que más fama le reporta será el de Stendhal. Intentando una revolución romántica acaba escribiendo novelas realistas.
Honoré de Balzac. (1799-1850)
Su obra abarca más de cincuenta novelas, y veinticuatro de ellas las aunó bajo el título La Comedia humana. Este monumental conjunto se distribuye en tres partes: estudios filosóficos, estudios analíticos y estudios de costumbres. La intención de Balzac era la de dibujar con precisión y detalle el cuadro de costumbres y hábitos sociales de su época, así como los caracteres y valores fundamentales de la sociedad contemporánea. La forma definitiva de su novela puede apreciarse en Eugenia Grandet, donde el avaro protagonista finge ser rico para poder casar a su hija. La técnica de Balzac se perfecciona con la inclusión de un nuevo elemento: la aparición de personajes de una novela en títulos sucesivos. Tal acontece en El padre Goriot (1834). Balzac no esconde una profunda crítica a la sociedad de su época. Sus personajes representan caracteres muy diversos los cuales pueden apreciarse de manera evolutiva en la piel de las diferentes figuras que aparecen a lo largo de las páginas.
Gustave Flaubert. (1821-1880).
Nace en los alrededores de Rouen. Inicia estudios de Derecho pero debe abandonarlos debido a la enfermedad. Se instala en Normandía y allí inicia una relación amorosa con la poetisa Louise Colet. El tramo final de su vida fue tumultuoso, enfermo y acosado por problemas financieros, fallece por una hemorragia cerebral.
Aparecen sus primeras novelas: Memorias de un loco (1838) y La tentación de San Antonio (1849). Publica Madame Bovary, lo cual le acarrea ser sometido a un proceso judicial del que resulta absuelto. Su otra gran novela es Salambó, que cuenta la revuelta de Cartago en el siglo III a.C. Finalmente aparece La educación sentimental, en la que se narran los amores de un burgués rico con una mujer casada.
(Completaremos el estudio de este autor en otro apartado)

Los realistas rusos.
La novela rusa de la segunda mitad del siglo XIX se caracteriza principalmente por una descripción de los paisajes naturales, los rasgos físicos de los personajes y sus atuendos. Todo ello proporciona un ritmo lento a la narración. Los novelistas rusos sienten especial predilección por mostrar un sentimiento de piedad y compasión hacia las clases sociales más desfavorecidas. Este sentimiento es una pieza más de la construcción narrativa en la que no solo la descripción de la situación social es importante, sino también la preocupación por los valores morales y las inquietudes filosóficas de los autores.
Alexei Nikolaievich Tolstoi. (1828-1910).
Huérfano a temprana edad, se cría con unos parientes en un ambiente cultivado y religioso. Acude a la Universidad de Kazán, abandona los estudios y se dedica a la lectura de la Biblia, Pushkin y Rousseau. Gran propietario rural, intenta mejorar la situación de los siervos que trabajan en sus tierras, pero pronto se introduce en los círculos aristocráticos de Moscú, donde tiene fama de reformista. Participa en diversas guerras como oficial del ejército.  Viaja por Inglaterra y Alemania; se casa en 1862 y forma una extensa progenie (quince hijos). Se dedica a administrar sus propiedades y es cuando escribe sus obras más importantes: Guerra y paz (1863-1869) y Ana Karenina (1873-1877). Esta última no es solo la historia de un amor con final desgraciado, sino que nos enseña el deseo de Tolstoi por inculcar una moral que consideraba perdida en la sociedad moscovita donde todo es dominado por la hipocresía; en el fondo Ana se ve inmersa en una lucha interior entre el deseo de ser honesta y mantener el equilibrio ante los hipócritas que la rodean.
Las influencias rousseaunianas se revelan en la actitud de Tolstoi: autor optimista y vitalista, cree que el ser humano puede transformar el mundo mediante la bondad natural, buscando la forma de acercarse a la naturaleza y vivir conforme a los dictados de esta.
Fiodor Mijáilovich Dostoyevski. (1821-1881)
Sus andanzas juveniles están marcadas por un hecho excepcional: sus encuentros con grupos socialistas considerados enemigos del régimen zarista lo llevan a ser condenado a muerte; minutos antes de la ejecución, la pena es conmutada por trabajos forzados en Siberia. Tras este exilio es enviado como soldado a Mongolia y solo puede regresar a Rusia con su esposa en 1859. Viaja por Europa y regresa definitivamente a su país en 1873.
Entre sus obras destacan:  El jugador (1866), reflejo de la gran afición de Dostoievski por los juegos de azar, Crimen y castigo (1866-1867)  y Los hermanos Karamázov (1879-1880).
Crimen y castigo es otro ejemplo de cómo los autores rusos muestran en sus novelas la preocupación por temas morales y filosóficos. En este caso se trata de revelar cómo el crimen, sea cual sea su origen y finalidad, aun cuando se persiga el bien, es un atentado contra las normas morales del ser humano y conlleva como penitencia la pesadumbre del alma y la mente. En cierto modo, el autor critica al hombre revolucionario de su época. 
En Los hermanos Karamázov,  recupera la figura de su propio padre, una persona alcohólica y despótica que tiraniza a sus hijos. Del mismo modo la novela presenta la confrontación de Fiodor Karamázov con sus cuatro hijos, uno de los cuales acaba asesinándolo. Es el dilema entre el bien y el mal, la idea de moral y de libertad, y el sufrimiento como camino hacia la salvación.

El realismo en Inglaterra.
El movimiento literario del Realismo coincide con lo que en el ámbito anglosajón se denomina Era Victoriana. Los autores de esta época están íntimamente implicados en los acontecimientos contemporáneos. La sociedad industrial crea numerosos conflictos sociales y políticos en los que se ven involucrados de manera personal numerosos escritores. Las nuevas teorías científicas de Darwin revolucionan la manera de pensar la religión, la moral y la concepción de la naturaleza y del mundo. Ligadas a las condiciones de los obreros surgen las teorías del alemán Karl Marx que obtienen numerosos seguidores en la industrializadísima Gran Bretaña. También es la etapa de un arraigado puritanismo religioso que defiende las posturas más conservadoras en lo moral y ético.
Además de Thomas Carlyle , John Ruskin (1819-1900) y Matthew Arnold (1822-1888), destacamos a:
Charles Dickens. (1812-1870)
Constituye uno de esos autores que crea su propio mundo, donde los personajes se mueven con una vitalidad, leyes, y atmósfera propias. En sus novelas refleja su profunda implicación en la causa de la pobreza y la injusticia en que viven determinadas clases sociales inglesas. El crimen y las situaciones de desigualdad parece que no pueden ser mejoradas mediante los movimientos reformistas o los cambios legislativos, dichas modificaciones semejan proceder solo del impulso individual, una especie de retorno a la picaresca hispánica donde la salvación del héroe está solo en su capacidad de supervivencia.
Dickens tiene que trabajar desde muy joven debido a la precaria situación económica de su familia. Su primer éxito literario le llega con Las aventuras de Pickwick. Realiza numerosos viajes y se casa; tras su separación sufre un aparatoso accidente que lo deja parcialmente inválido. Sus tres grandes novelas son : Oliver Twist (1837-1839), David Copperfield(1849-1850) y Grandes esperanzas (1860-1861).
Oliver Twist nos narra la historia de un huérfano que tras pasar por innumerables penurias logra realizarse como persona. Esta novela es un cuadro perfecto de la sociedad victoriana, donde se ensalzan las virtudes de la vida rural frente a la urbana, esta última dominada por la prostitución, el crimen, la delincuencia y la marginación. 
David Copperfield describe la precaria situación de los niños en Inglaterra donde el protagonista logra superar la terrible experiencia de los internados para construirse un futuro como escritor.
En Grandes esperanzas el protagonista también es un huérfano educado por su hermana. Un golpe afortunado en la vida permite al protagonista, Pip, recibir una esmerada educación y heredar una inmensa fortuna. Reniega de su anterior posición y de sus antiguos amigos para conquistar a su antes inalcanzable dama. Cuando descubre quién ha sido el que ha propiciado ese cambio de rumbo en su vida, sus ilusiones y esperanzas se diluyen regresando a su casa más maduro.
Las hermanas Brontë.
Hijas de un pastor anglicano, su vida estuvo condicionada por la estricta disciplina a la que las sometió su padre. La literatura es una vía de escape a través de la ensoñación y la imaginación. Emily y Anne inventaron un país imaginario, Gondal, en el que se desarrollan algunas de sus historias. Cumbres borrascosas es la obra más destacada de Emily; es una novela de clara influencia romántica, concretamente del romanticismo alemán. Jane Eyre es una novela que publica Charlotte en 1847, el mismo año en que aparece la novela de su hermana Emily. Jane Eyre es la imagen de una antiheroína que ni es bella ni rica y que solo posee como arma la inteligencia para desenvolverse en un mundo dominado por los varones, una sociedad estancada y poco propicia a los cambios que hagan destacar a la figura femenina.
Lewis Carroll. (1832-1898)
Bajo este pseudónimo se esconde Charles Dodgson, un matemático que revela en sus obras su interés por la lógica y el sentido. Somete al lector no solo a la experiencia de mundos imaginarios dotados de gran vitalidad y elementos fantásticos, sino a la subversión de la realidad lógica, así como a un atrayente juego con el lenguaje. Estos elementos son claramente apreciables en su obra más conocida: Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas y A través del espejo.

Literatura española
Los máximos exponentes de la novela realista española son Benito Pérez Galdós (Fortunata y Jacinta, Los episodios nacionales…) y Leopoldo Alas Clarín (La Regenta). Este último, junto a Vicente Blasco Ibáñez, participa de rasgos del Naturalismo. 

Literatura norteamericana Cuando la novela se instala en los Estados Unidos este es un país aún en fase de construcción, la inmensidad de sus paisajes invita más a la descripción que la narración de historias con protagonistas bien definidos. La novela de carácter europeo no se adapta bien a la realidad de lo norteamericano, por ello las narraciones serán menos sociales que las europeas y más dedicadas a lo trascendental que a la observación de la realidad contemporánea.
Hermann Melville. (1819-1881)
Tras diversos trabajos acaba como empleado en varios barcos con los que recorre el Pacífico. Esta experiencia marinera la plasmará en su obra. Su novela más conocida es Moby Dick. Se desarrolla en el limitado espacio de un ballenero.  En tan reducido universo narrativo como es el barco, Melville traza la caracterización de los diversos personajes y mezcla el argumento de persecución obsesiva de la ballena blanca con las reflexiones del narrador y una riquísima referencia a la historia, la literatura occidental, la mitología, la ciencia y la filosofía. En el trasfondo de la obra descansa la perenne intención del hombre por dominar a la naturaleza.
Marc Twain. (1835-1910)
Trabajó en diversos lugares y oficios: conductor de paquebote en el río Misisipí, buscador de oro o corresponsal de prensa en Europa. Escritor con grandes dotes humorísticas, las manifiesta destacadamente en dos novelas: Las aventuras de Tom Sawyer (1876) y Las aventuras de Huckleberry Finn (1885). Describe nítidamente las costumbres de los estados sureños del casi incógnito oeste, así como la sociedad norteamericana afincada en ellos, igualmente refleja la lengua inglesa de esos lugares.

      Stendhal → “La novela: espejo que se pasea por un camino real. Tan pronto refleja el cielo azul como el fango de los cenagales del camino. El hombre que lleva el espejo será acusado por vosotros de inmoral. ¡El espejo refleja el fango y acusáis al espejo! Acusad más bien a la
carretera en que está el cenagal, o mejor aún, al inspector de caminos, que permite que el agua se encharque y lo forme”.

martes, 12 de marzo de 2013

El gato negro

El gato negro
Edgar Allan Poe

No espero ni pido que alguien crea en el extraño aunque simple relato que me dispongo a escribir. Loco estaría si lo esperara, cuando mis sentidos rechazan su propia evidencia. Pero no estoy loco y sé muy bien que esto no es un sueño. Mañana voy a morir y quisiera aliviar hoy mi alma. Mi propósito inmediato consiste en poner de manifiesto, simple, sucintamente y sin comentarios, una serie de episodios domésticos. Las consecuencias de esos episodios me han aterrorizado, me han torturado y, por fin, me han destruido. Pero no intentaré explicarlos. Si para mí han sido horribles, para otros resultarán menos espantosos que barrocos. Más adelante, tal vez, aparecerá alguien cuya inteligencia reduzca mis fantasmas a lugares comunes; una inteligencia más serena, más lógica y mucho menos excitable que la mía, capaz de ver en las circunstancias que temerosamente describiré, una vulgar sucesión de causas y efectos naturales.
Desde la infancia me destaqué por la docilidad y bondad de mi carácter. La ternura que abrigaba mi corazón era tan grande que llegaba a convertirme en objeto de burla para mis compañeros. Me gustaban especialmente los animales, y mis padres me permitían tener una gran variedad. Pasaba a su lado la mayor parte del tiempo, y jamás me sentía más feliz que cuando les daba de comer y los acariciaba. Este rasgo de mi carácter creció conmigo y, cuando llegué a la virilidad, se convirtió en una de mis principales fuentes de placer. Aquellos que alguna vez han experimentado cariño hacia un perro fiel y sagaz no necesitan que me moleste en explicarles la naturaleza o la intensidad de la retribución que recibía. Hay algo en el generoso y abnegado amor de un animal que llega directamente al corazón de aquel que con frecuencia ha probado la falsa amistad y la frágil fidelidad del hombre.

Me casé joven y tuve la alegría de que mi esposa compartiera mis preferencias. Al observar mi gusto por los animales domésticos, no perdía oportunidad de procurarme los más agradables de entre ellos. Teníamos pájaros, peces de colores, un hermoso perro, conejos, un monito y un gato.

Este último era un animal de notable tamaño y hermosura, completamente negro y de una sagacidad asombrosa. Al referirse a su inteligencia, mi mujer, que en el fondo era no poco supersticiosa, aludía con frecuencia a la antigua creencia popular de que todos los gatos negros son brujas metamorfoseadas. No quiero decir que lo creyera seriamente, y sólo menciono la cosa porque acabo de recordarla.

Plutón -tal era el nombre del gato- se había convertido en mi favorito y mi camarada. Sólo yo le daba de comer y él me seguía por todas partes en casa. Me costaba mucho impedir que anduviera tras de mí en la calle.

Nuestra amistad duró así varios años, en el curso de los cuales (enrojezco al confesarlo) mi temperamento y mi carácter se alteraron radicalmente por culpa del demonio. Intemperancia. Día a día me fui volviendo más melancólico, irritable e indiferente hacia los sentimientos ajenos. Llegué, incluso, a hablar descomedidamente a mi mujer y terminé por infligirle violencias personales. Mis favoritos, claro está, sintieron igualmente el cambio de mi carácter. No sólo los descuidaba, sino que llegué a hacerles daño. Hacia Plutón, sin embargo, conservé suficiente consideración como para abstenerme de maltratarlo, cosa que hacía con los conejos, el mono y hasta el perro cuando, por casualidad o movidos por el afecto, se cruzaban en mi camino. Mi enfermedad, empero, se agravaba -pues, ¿qué enfermedad es comparable al alcohol?-, y finalmente el mismo Plutón, que ya estaba viejo y, por tanto, algo enojadizo, empezó a sufrir las consecuencias de mi mal humor.

Una noche en que volvía a casa completamente embriagado, después de una de mis correrías por la ciudad, me pareció que el gato evitaba mi presencia. Lo alcé en brazos, pero, asustado por mi violencia, me mordió ligeramente en la mano. Al punto se apoderó de mí una furia demoníaca y ya no supe lo que hacía. Fue como si la raíz de mi alma se separara de golpe de mi cuerpo; una maldad más que diabólica, alimentada por la ginebra, estremeció cada fibra de mi ser. Sacando del bolsillo del chaleco un cortaplumas, lo abrí mientras sujetaba al pobre animal por el pescuezo y, deliberadamente, le hice saltar un ojo. Enrojezco, me abraso, tiemblo mientras escribo tan condenable atrocidad.

Cuando la razón retornó con la mañana, cuando hube disipado en el sueño los vapores de la orgía nocturna, sentí que el horror se mezclaba con el remordimiento ante el crimen cometido; pero mi sentimiento era débil y ambiguo, no alcanzaba a interesar al alma. Una vez más me hundí en los excesos y muy pronto ahogué en vino los recuerdos de lo sucedido.

El gato, entretanto, mejoraba poco a poco. Cierto que la órbita donde faltaba el ojo presentaba un horrible aspecto, pero el animal no parecía sufrir ya. Se paseaba, como de costumbre, por la casa, aunque, como es de imaginar, huía aterrorizado al verme. Me quedaba aún bastante de mi antigua manera de ser para sentirme agraviado por la evidente antipatía de un animal que alguna vez me había querido tanto. Pero ese sentimiento no tardó en ceder paso a la irritación. Y entonces, para mi caída final e irrevocable, se presentó el espíritu de la perversidad. La filosofía no tiene en cuenta a este espíritu; y, sin embargo, tan seguro estoy de que mi alma existe como de que la perversidad es uno de los impulsos primordiales del corazón humano, una de las facultades primarias indivisibles, uno de esos sentimientos que dirigen el carácter del hombre. ¿Quién no se ha sorprendido a sí mismo cien veces en momentos en que cometía una acción tonta o malvada por la simple razón de que no debía cometerla? ¿No hay en nosotros una tendencia permanente, que enfrenta descaradamente al buen sentido, una tendencia a transgredir lo que constituye la Ley por el solo hecho de serlo? Este espíritu de perversidad se presentó, como he dicho, en mi caída final. Y el insondable anhelo que tenía mi alma de vejarse a sí misma, de violentar su propia naturaleza, de hacer mal por el mal mismo, me incitó a continuar y, finalmente, a consumar el suplicio que había infligido a la inocente bestia. Una mañana, obrando a sangre fría, le pasé un lazo por el pescuezo y lo ahorqué en la rama de un árbol; lo ahorqué mientras las lágrimas manaban de mis ojos y el más amargo remordimiento me apretaba el corazón; lo ahorqué porque recordaba que me había querido y porque estaba seguro de que no me había dado motivo para matarlo; lo ahorqué porque sabía que, al hacerlo, cometía un pecado, un pecado mortal que comprometería mi alma hasta llevarla -si ello fuera posible- más allá del alcance de la infinita misericordia del Dios más misericordioso y más terrible.

La noche de aquel mismo día en que cometí tan cruel acción me despertaron gritos de: "¡Incendio!" Las cortinas de mi cama eran una llama viva y toda la casa estaba ardiendo. Con gran dificultad pudimos escapar de la conflagración mi mujer, un sirviente y yo. Todo quedó destruido. Mis bienes terrenales se perdieron y desde ese momento tuve que resignarme a la desesperanza.

No incurriré en la debilidad de establecer una relación de causa y efecto entre el desastre y mi criminal acción. Pero estoy detallando una cadena de hechos y no quiero dejar ningún eslabón incompleto. Al día siguiente del incendio acudí a visitar las ruinas. Salvo una, las paredes se habían desplomado. La que quedaba en pie era un tabique divisorio de poco espesor, situado en el centro de la casa, y contra el cual se apoyaba antes la cabecera de mi lecho. El enlucido había quedado a salvo de la acción del fuego, cosa que atribuí a su reciente aplicación. Una densa muchedumbre habíase reunido frente a la pared y varias personas parecían examinar parte de la misma con gran atención y detalle. Las palabras "¡extraño!, ¡curioso!" y otras similares excitaron mi curiosidad. Al aproximarme vi que en la blanca superficie, grabada como un bajorrelieve, aparecía la imagen de un gigantesco gato. El contorno tenía una nitidez verdaderamente maravillosa. Había una soga alrededor del pescuezo del animal.

Al descubrir esta aparición -ya que no podía considerarla otra cosa- me sentí dominado por el asombro y el terror. Pero la reflexión vino luego en mi ayuda. Recordé que había ahorcado al gato en un jardín contiguo a la casa. Al producirse la alarma del incendio, la multitud había invadido inmediatamente el jardín: alguien debió de cortar la soga y tirar al gato en mi habitación por la ventana abierta. Sin duda, habían tratado de despertarme en esa forma. Probablemente la caída de las paredes comprimió a la víctima de mi crueldad contra el enlucido recién aplicado, cuya cal, junto con la acción de las llamas y el amoniaco del cadáver, produjo la imagen que acababa de ver.

Si bien en esta forma quedó satisfecha mi razón, ya que no mi conciencia, sobre el extraño episodio, lo ocurrido impresionó profundamente mi imaginación. Durante muchos meses no pude librarme del fantasma del gato, y en todo ese tiempo dominó mi espíritu un sentimiento informe que se parecía, sin serlo, al remordimiento. Llegué al punto de lamentar la pérdida del animal y buscar, en los viles antros que habitualmente frecuentaba, algún otro de la misma especie y apariencia que pudiera ocupar su lugar.

Una noche en que, borracho a medias, me hallaba en una taberna más que infame, reclamó mi atención algo negro posado sobre uno de los enormes toneles de ginebra que constituían el principal moblaje del lugar. Durante algunos minutos había estado mirando dicho tonel y me sorprendió no haber advertido antes la presencia de la mancha negra en lo alto. Me aproximé y la toqué con la mano. Era un gato negro muy grande, tan grande como Plutón y absolutamente igual a éste, salvo un detalle. Plutón no tenía el menor pelo blanco en el cuerpo, mientras este gato mostraba una vasta aunque indefinida mancha blanca que le cubría casi todo el pecho.

Al sentirse acariciado se enderezó prontamente, ronroneando con fuerza, se frotó contra mi mano y pareció encantado de mis atenciones. Acababa, pues, de encontrar el animal que precisamente andaba buscando. De inmediato, propuse su compra al tabernero, pero me contestó que el animal no era suyo y que jamás lo había visto antes ni sabía nada de él.

Continué acariciando al gato y, cuando me disponía a volver a casa, el animal pareció dispuesto a acompañarme. Le permití que lo hiciera, deteniéndome una y otra vez para inclinarme y acariciarlo. Cuando estuvo en casa, se acostumbró a ella de inmediato y se convirtió en el gran favorito de mi mujer.

Por mi parte, pronto sentí nacer en mí una antipatía hacia aquel animal. Era exactamente lo contrario de lo que había anticipado, pero -sin que pueda decir cómo ni por qué- su marcado cariño por mí me disgustaba y me fatigaba. Gradualmente, el sentimiento de disgusto y fatiga creció hasta alcanzar la amargura del odio. Evitaba encontrarme con el animal; un resto de vergüenza y el recuerdo de mi crueldad de antaño me vedaban maltratarlo. Durante algunas semanas me abstuve de pegarle o de hacerlo víctima de cualquier violencia; pero gradualmente -muy gradualmente- llegué a mirarlo con inexpresable odio y a huir en silencio de su detestable presencia, como si fuera una emanación de la peste.

Lo que, sin duda, contribuyó a aumentar mi odio fue descubrir, a la mañana siguiente de haberlo traído a casa, que aquel gato, igual que Plutón, era tuerto. Esta circunstancia fue precisamente la que lo hizo más grato a mi mujer, quien, como ya dije, poseía en alto grado esos sentimientos humanitarios que alguna vez habían sido mi rasgo distintivo y la fuente de mis placeres más simples y más puros.

El cariño del gato por mí parecía aumentar en el mismo grado que mi aversión. Seguía mis pasos con una pertinencia que me costaría hacer entender al lector. Dondequiera que me sentara venía a ovillarse bajo mi silla o saltaba a mis rodillas, prodigándome sus odiosas caricias. Si echaba a caminar, se metía entre mis pies, amenazando con hacerme caer, o bien clavaba sus largas y afiladas uñas en mis ropas, para poder trepar hasta mi pecho. En esos momentos, aunque ansiaba aniquilarlo de un solo golpe, me sentía paralizado por el recuerdo de mi primer crimen, pero sobre todo -quiero confesarlo ahora mismo- por un espantoso temor al animal.

Aquel temor no era precisamente miedo de un mal físico y, sin embargo, me sería imposible definirlo de otra manera. Me siento casi avergonzado de reconocer, sí, aún en esta celda de criminales me siento casi avergonzado de reconocer que el terror, el espanto que aquel animal me inspiraba, era intensificado por una de las más insensatas quimeras que sería dado concebir. Más de una vez mi mujer me había llamado la atención sobre la forma de la mancha blanca de la cual ya he hablado, y que constituía la única diferencia entre el extraño animal y el que yo había matado. El lector recordará que esta mancha, aunque grande, me había parecido al principio de forma indefinida; pero gradualmente, de manera tan imperceptible que mi razón luchó durante largo tiempo por rechazarla como fantástica, la mancha fue asumiendo un contorno de rigurosa precisión. Representaba ahora algo que me estremezco al nombrar, y por ello odiaba, temía y hubiera querido librarme del monstruo si hubiese sido capaz de atreverme; representaba, digo, la imagen de una cosa atroz, siniestra..., ¡la imagen del patíbulo! ¡Oh lúgubre y terrible máquina del horror y del crimen, de la agonía y de la muerte!

Me sentí entonces más miserable que todas las miserias humanas. ¡Pensar que una bestia, cuyo semejante había yo destruido desdeñosamente, una bestia era capaz de producir tan insoportable angustia en un hombre creado a imagen y semejanza de Dios! ¡Ay, ni de día ni de noche pude ya gozar de la bendición del reposo! De día, aquella criatura no me dejaba un instante solo; de noche, despertaba hora a hora de los más horrorosos sueños, para sentir el ardiente aliento de la cosa en mi rostro y su terrible peso -pesadilla encarnada de la que no me era posible desprenderme- apoyado eternamente sobre mi corazón.

Bajo el agobio de tormentos semejantes, sucumbió en mí lo poco que me quedaba de bueno. Sólo los malos pensamientos disfrutaban ya de mi intimidad; los más tenebrosos, los más perversos pensamientos. La melancolía habitual de mi humor creció hasta convertirse en aborrecimiento de todo lo que me rodeaba y de la entera humanidad; y mi pobre mujer, que de nada se quejaba, llegó a ser la habitual y paciente víctima de los repentinos y frecuentes arrebatos de ciega cólera a que me abandonaba.

Cierto día, para cumplir una tarea doméstica, me acompañó al sótano de la vieja casa donde nuestra pobreza nos obligaba a vivir. El gato me siguió mientras bajaba la empinada escalera y estuvo a punto de tirarme cabeza abajo, lo cual me exasperó hasta la locura. Alzando un hacha y olvidando en mi rabia los pueriles temores que hasta entonces habían detenido mi mano, descargué un golpe que hubiera matado instantáneamente al animal de haberlo alcanzado. Pero la mano de mi mujer detuvo su trayectoria. Entonces, llevado por su intervención a una rabia más que demoníaca, me zafé de su abrazo y le hundí el hacha en la cabeza. Sin un solo quejido, cayó muerta a mis pies.

Cumplido este espantoso asesinato, me entregué al punto y con toda sangre fría a la tarea de ocultar el cadáver. Sabía que era imposible sacarlo de casa, tanto de día como de noche, sin correr el riesgo de que algún vecino me observara. Diversos proyectos cruzaron mi mente. Por un momento pensé en descuartizar el cuerpo y quemar los pedazos. Luego se me ocurrió cavar una tumba en el piso del sótano. Pensé también si no convenía arrojar el cuerpo al pozo del patio o meterlo en un cajón, como si se tratara de una mercadería común, y llamar a un mozo de cordel para que lo retirara de casa. Pero, al fin, di con lo que me pareció el mejor expediente y decidí emparedar el cadáver en el sótano, tal como se dice que los monjes de la Edad Media emparedaban a sus víctimas.

El sótano se adaptaba bien a este propósito. Sus muros eran de material poco resistente y estaban recién revocados con un mortero ordinario, que la humedad de la atmósfera no había dejado endurecer. Además, en una de las paredes se veía la saliencia de una falsa chimenea, la cual había sido rellenada y tratada de manera semejante al resto del sótano. Sin lugar a dudas, sería muy fácil sacar los ladrillos en esa parte, introducir el cadáver y tapar el agujero como antes, de manera que ninguna mirada pudiese descubrir algo sospechoso.

No me equivocaba en mis cálculos. Fácilmente saqué los ladrillos con ayuda de una palanca y, luego de colocar cuidadosamente el cuerpo contra la pared interna, lo mantuve en esa posición mientras aplicaba de nuevo la mampostería en su forma original. Después de procurarme argamasa, arena y cerda, preparé un enlucido que no se distinguía del anterior y revoqué cuidadosamente el nuevo enladrillado. Concluida la tarea, me sentí seguro de que todo estaba bien. La pared no mostraba la menor señal de haber sido tocada. Había barrido hasta el menor fragmento de material suelto. Miré en torno, triunfante, y me dije: "Aquí, por lo menos, no he trabajado en vano".

Mi paso siguiente consistió en buscar a la bestia causante de tanta desgracia, pues al final me había decidido a matarla. Si en aquel momento el gato hubiera surgido ante mí, su destino habría quedado sellado, pero, por lo visto, el astuto animal, alarmado por la violencia de mi primer acceso de cólera, se cuidaba de aparecer mientras no cambiara mi humor. Imposible describir o imaginar el profundo, el maravilloso alivio que la ausencia de la detestada criatura trajo a mi pecho. No se presentó aquella noche, y así, por primera vez desde su llegada a la casa, pude dormir profunda y tranquilamente; sí, pude dormir, aun con el peso del crimen sobre mi alma.

Pasaron el segundo y el tercer día y mi atormentador no volvía. Una vez más respiré como un hombre libre. ¡Aterrado, el monstruo había huido de casa para siempre! ¡Ya no volvería a contemplarlo! Gozaba de una suprema felicidad, y la culpa de mi negra acción me preocupaba muy poco. Se practicaron algunas averiguaciones, a las que no me costó mucho responder. Incluso hubo una perquisición en la casa; pero, naturalmente, no se descubrió nada. Mi tranquilidad futura me parecía asegurada.

Al cuarto día del asesinato, un grupo de policías se presentó inesperadamente y procedió a una nueva y rigurosa inspección. Convencido de que mi escondrijo era impenetrable, no sentí la más leve inquietud. Los oficiales me pidieron que los acompañara en su examen. No dejaron hueco ni rincón sin revisar. Al final, por tercera o cuarta vez, bajaron al sótano. Los seguí sin que me temblara un solo músculo. Mi corazón latía tranquilamente, como el de aquel que duerme en la inocencia. Me paseé de un lado al otro del sótano. Había cruzado los brazos sobre el pecho y andaba tranquilamente de aquí para allá. Los policías estaban completamente satisfechos y se disponían a marcharse. La alegría de mi corazón era demasiado grande para reprimirla. Ardía en deseos de decirles, por lo menos, una palabra como prueba de triunfo y confirmar doblemente mi inocencia.

-Caballeros -dije, por fin, cuando el grupo subía la escalera-, me alegro mucho de haber disipado sus sospechas. Les deseo felicidad y un poco más de cortesía. Dicho sea de paso, caballeros, esta casa está muy bien construida... (En mi frenético deseo de decir alguna cosa con naturalidad, casi no me daba cuenta de mis palabras). Repito que es una casa de excelente construcción. Estas paredes... ¿ya se marchan ustedes, caballeros?... tienen una gran solidez.

Y entonces, arrastrado por mis propias bravatas, golpeé fuertemente con el bastón que llevaba en la mano sobre la pared del enladrillado tras de la cual se hallaba el cadáver de la esposa de mi corazón.

¡Que Dios me proteja y me libre de las garras del archidemonio! Apenas había cesado el eco de mis golpes cuando una voz respondió desde dentro de la tumba. Un quejido, sordo y entrecortado al comienzo, semejante al sollozar de un niño, que luego creció rápidamente hasta convertirse en un largo, agudo y continuo alarido, anormal, como inhumano, un aullido, un clamor de lamentación, mitad de horror, mitad de triunfo, como sólo puede haber brotado en el infierno de la garganta de los condenados en su agonía y de los demonios exultantes en la condenación.

Hablar de lo que pensé en ese momento sería locura. Presa de vértigo, fui tambaleándome hasta la pared opuesta. Por un instante el grupo de hombres en la escalera quedó paralizado por el terror. Luego, una docena de robustos brazos atacaron la pared, que cayó de una pieza. El cadáver, ya muy corrompido y manchado de sangre coagulada, apareció de pie ante los ojos de los espectadores. Sobre su cabeza, con la roja boca abierta y el único ojo como de fuego, estaba agazapada la horrible bestia cuya astucia me había inducido al asesinato y cuya voz delatadora me entregaba al verdugo. ¡Había emparedado al monstruo en la tumba!

   

Romanticismo Europeo: vídeos

Os propongo que veáis estos vídeos que os permiten repasar o ampliar lo comentado en clase.
Los dos primeros corresponden a una introducción general .
El tercero os acerca a la obra de uno de los pintores más significativos del movimiento: David Caspar Friedrich.
El último se centra en el Romanticismo musical.










miércoles, 13 de febrero de 2013

Leyendo Hamlet



Echarle un vistazo a estos tres vídeos de Youtube . El primero, en inglés , nos da un resumen sencillo del argumento. En el segundo, un recitado del monólogo comentado en la entrada anterior. Con el último podéis intentar , aunque sea por fragmentos, seguir la obra en inglés  (los que habéis comprado la edición bilingüe lo tendréis más fácil)






Comentario del monólogo "Ser o no ser"



Para que tengáis en cuenta algunos otros aspectos que no nos dio tiempo a analizar en clase sobre el monólogo propuesto para comentario, os incluyo aquí un posible análisis del mismo  (también podéis consultar en entradas anteriores el realizado por otras alumnas de cursos anteriores)



El texto propuesto para comentario corresponde a uno de los fragmentos más famosos de la literatura: el monólogo de Hamlet “to be or not to be”
Mucho se ha escrito sobre su autor, ya que, junto a Cervantes,  es considerado como cumbre de la literatura universal. Sus obras y personajes han pasado a formar parte del acervo cultural de todos: Macbet, Romeo y Julieta, Otelo, Ricardo III o  la obra que nos ocupa, Hamlet, son títulos significativos al respecto.
El teatro shakesperiano supone la culminación del llamado teatro isabelino, es decir, el teatro inglés de  las dos últimas décadas del siglo XVI y hasta mediados del XVII (reinados de Isabel I, que muere en 1603 y Jacobo I, que es ajusticiado en 1625). Entre sus características cabe citar:
·       - La organización de la escena es sencilla, con escasos elementos de ambientación: lo importante son las palabras; la música separa los actos.
·        - Es muy frecuente el uso del pentámetro yámbico blanco o blank verse
·        - Frente al teatro clasicista francés, el teatro inglés no sigue la regla de las tres unidades, fusiona lo popular y lo culto e imprime a la acción mucha más rapidez.
·        - La profesión de actor se asienta y el teatro suele gozar de la protección de la Corte (aunque las disputas con las tendencias puritanas, representadas por el concejo londinense, obliga a sacar de la urbe los teatros y llevarlos a zonas de costumbres más licenciosas) Las mujeres no podían ser actrices por lo que los papeles masculinos los representaban jóvenes varones.
 Además de Skakespeare, destacan especialmente otros dos autores :
·         Christopher Marlow -sobre el que recaen variadas conjeturas: sobre si era espía, sobre su muerte temprana, etc  - escribió La trágica historia del doctor Fausto,  antecedente de la obra de Goethe (Skakespeare le debe partes de alguna de sus obras)
·         Ben Jhonson, considerado el más digno rival de Shakespeare, destaca por sus comedias, que siguen  la tradición clásica de Plauto. Sus obras más conocidas son El alquimista y La mujer silenciosa.

Pero, por encima de todos, un nombre está unido inextricablemente al teatro inglés: Shakespeare.
Aunque en su biografía existen varias lagunas, podemos apuntar –para completar este comentario- algunos datos: nació y murió (1564-1616)) en Stratford-on-Avon; fue hijo de un comerciante de lanas; se casó muy joven con una mujer mayor que él; además de afamado autor, fue también actor de teatro y llegó a tener su propia compañía en el teatro el Globe.
A pesar de que su fama se debe a su faceta de dramaturgo, destaca igualmente como poeta (con hermosos sonetos en la línea petrarquista). Su teatro pasa por diferentes fases: desde una etapa inicial, en que se interesa más por aspectos formales y asuntos patrióticos, pasa a una etapa de plenitud en la que alcanza mayor perfección técnica y hondura psicológica en sus protagonistas; a la par, va abandonando el verso a favor de la prosa. Figuran en esta etapa sus mejores tragedias (las citadas al principio pero también títulos como El rey Lear o Julio César) De entre sus comedias las más conocidas son El sueño de una noche de verano, El mercader de Venecia, La fierecilla domada y La tempestad.

Centrándonos ya en la obra que nos ocupa, Hamlet fue escrita en 1601 y representada en 1062 por la compañía de Lord Chambelain; la historia se inspira en una antigua leyenda del siglo XII, transformada por el genio del autor en una obra de enorme profundidad y riqueza.
Su argumento – en el que no me extenderé por ser lo suficientemente conocido- gira en torno a tres acciones que se desarrollan de forma paralela: la del protagonista y su familia directa; la de Polonio, un cortesano con dos hijos: Ofelia y Laertes; y la de Fortimbrás, Príncipe de Noruega, que da el toque político a la obra.
La estructura de la obra se ajusta a la propia del teatro isabelino: cinco actos de distinta longitud. En ellos ocupan un lugar fundamental los monólogos- siete en total en toda la obra- de una belleza y profundidad que explican su fama dentro de la literatura y del pensamiento. Como hemos comentado, el que nos ocupa es el más famoso de todos ellos. Por cierto, la divulgación de algunas versiones ha contribuido a que popularmente se asocie este monólogo a la imagen de Hamlet con la calavera de Yorick en el cementerio, lo cual es erróneo ya que este monólogo se sitúa al inicio del acto III, en palacio, tras la resolución de los reyes y Polonio de averiguar si la locura del joven se debe a su amor por Ofelia.
El tema se centra en la duda de carácter existencial.
El personaje, Hamlet, se presenta como un intelectual quejoso de tener que llevar el peso de su vida y paralizado por el pensamiento. Esta actitud-  que ha sido definida como una enfermedad de la voluntad- contrasta con la de Fortinbrás y Laertes, hombres de acción. Por otra parte, frente a su locura fingida, es muy agudo en sus observaciones de todo tipo, tanto respecto al amor como al arte, a la muerte o al espíritu humano.
 Respecto a la estructura en concreto del monólogo, podemos diferenciar tres apartados:
  1. Los primeros versos (“ser o.. un mal desconocido), cuya temática se condensa ya en la interrogación primera, desarrollan el dilema que se le plantea al protagonista entre el ser y el no ser, concentrando en esta expresión otras dicotomías: vivir/morir, aceptación, resignación / rebeldía, reflexión / acción. Hamlet, angustiado por los acontecimientos y asqueado de la vida, reflexiona sobre lo fácil que es para el hombre poner fin a todos sus males (“cuando uno mismo tiene a su alcance el descanso en el filo desnudo del puñal”); sin embargo, el desconocimiento de lo que hay tras la muerte pone freno a esa idea y explica que el hombre sea capaz de aguantar los mayores infortunios (injusticia, humillación, amor no correspondido..)
  2. Los versos con que finaliza el monólogo (“La conciencia.. acción”)  formulan la consecuencia del análisis anterior: la reflexión, la toma de conciencia sobre el actuar humano, implica la paralización del individuo, la imposibilidad de la acción: “ La conciencia nos hace cobardes.. y así empresas de importancia.. llegan a torcer su rumbo al considerarse para nunca volver a merecer el nombre de la acción”. La conclusión se formula con validez no sólo para lo trascendental (opción sobre la vida o la muerte, impulso de venganza y sus implicaciones) sino que es aplicable a cualquier actuación del hombre.
  3. Los dos versos finales, que señalan la aparición en escena de Ofelia, preparan el diálogo siguiente entre los dos jóvenes (del que sólo tenemos en el texto las dos primeras réplicas en las que se intercambian saludos). 
Desde el punto de vista formal, es evidente el absoluto dominio del lenguaje, caracterizado por la precisión y elegancia en el decir. El texto puede presentar cierta dificultad comprensiva por su densidad conceptual, por sus implicaciones filosóficas: al tópico barroco de la vida como sueño, se añade aquí la equivalencia entre términos que se usan como sinónimos: morir, dormir, dormir..¡Soñar!   (reduplicación) No sólo la vida es sueño, la muerte también lo es: pues en el sueño de la muerte ¿qué sueños sobrevendrán? A esta metáfora le sigue otra sobre el mismo término la muerte –ese país por descubrir (también hay otras metáforas sobre otros conceptos: océano del mal, llagas del corazón..) Otra figuras destacadas en este texto son las de repetición: reduplicación, conversión (¿Quién puede soportar tanto? ¿Gemir tanto?) y anáforas. Estas contribuyen a cohesionar y guiar un periodo oracional extenso, al tiempo que intensifican ideas importantes : y decir así que con un sueño.. y decir: ven, consumación / La conciencia, así, hace a todos cobardes, y así.. y así empresas.. (polisíndeton)
Junto a los ya apuntados, otros recursos estilísticos significativos son: la antítesis que opone el natural color de la resolución a las tenues sombras del pensamiento;  varias enumeraciones, entre las que destaca la siguiente -por su extensión y por sintetizar lo que supone la vida para Hamlet: soportar los azotes, la injusticia, la afrenta, la angustia, la espera, la arrogancia, la humillación.. ; el apóstrofe con el que finaliza el monólogo: .. la hermosa Ofelia ¡Ninfa!, en tus plegarias, jamás olvides mis pecados 
Destacemos también que los apartados señalados en la estructura atendiendo a un criterio temático están también formalmente diferenciados mediante la modalidad oracional. Si en los dos últimos la modalidad dominante es la enunciativa, en el primer apartado predomina una modalidad marcada, fundamentalmente interrogativa retórica que van pautando el proceso analítico y reflexivo del personaje en un esquema pregunta-respuesta :¿Qué es mejor para el alma..?/¿qué sueños sobrevendrán?.. Igualmente, la presencia de alguna frase exclamativa, que pone de relieve lo arduo que es decidirse a actuar, potencia la expresividad del monólogo: ¿Qué difícil!”

Para concluir, apuntar que la significación de este autor en la escena literaria va más allá del influjo que pudo ejercer su teatro. Sus obras, fruto del profundo conocimiento del alma humana, revelan maravillosamente las cualidades y miserias de todos los hombres. Por eso muchos de sus personajes se convirtieron en símbolos: Otelo de los celos, Macbeth, de la ambición, Romeo, del amor, Hamlet, de la vacilación.

Leer Hamlet es encontrarse con las dualidades esenciales: justicia y venganza; razón y locura; destino y azar; realidad y ficción; honradez y maldad; responsabilidad y libertad. Temas que “no pasan de moda”. Muestra del interés que esta obra sigue suscitando, como indiscutible clásico, son las numerosas adaptaciones cinematográficas que se han hecho, entre las que destaca una de las últimas, la de Kenneth Branagh (1996)
Y es que, como dijo un coetáneo de Shakespeare, éste “vivirá mientras viva su libro y haya inteligencias para leerlo”.

martes, 29 de enero de 2013

Guía de lectura de Madame Bovary


GUÍA DE LECTURA DE
Madame Bovary

Este año he cambiado la guía de lectura que vamos a seguir para esta obra. Esta que propongo a continuación es un poco más sintética que la de cursos anteriores

Primera parte
El autor comienza la novela con la presentación de los dos personajes principales, Charles y Emma Bovary: informa de la infancia, la juventud, las aspiraciones y el entorno familiar de cada uno. Todo ello permite al lector trazar un cuadro de la personalidad de ambos para interpretar su comportamiento y sus reacciones de forma adecuada.
1. La comparación entre Emma y don Quijote se debe, en parte, a que ambos sueñan con una realidad distinta que conocen por sus lecturas. Busca en la primera parte alusiones a esos libros que la protagonista desea hacer suyos.
2. Flaubert procede de una familia muy vinculada a la medicina y los avances científicos ¿En qué se nota esto en la novela? Cita algunos fragmentos a modo de ejemplo.
3. Busca en la obra un fragmento en el que se describas el aspecto físico de Emma y otro en el que se caracterice a Charles.
¿Dónde se educó Emma?
4. Cita ejemplos del cap. 7 en los que se reflejen las primeras impresiones que Emma tiene de su
marido.
5.En el capítulo III se narra un encuentro entre Charles y Emma antes de casarse. Compáralo con la relación que ambos mantienen después de casarse ¿Qué cambios se producen?
6. ¿En qué momento de la primera parte comienzan los sueños parisinos de Emma? ¿A raíz de qué acontecimiento?
7. Indica en qué tiempo y espacio se desarrolla la novela.

Segunda parte
En el bloque central de la novela comienza una nueva etapa en la vida del matrimonio Bovary. En este punto de la obra, Emma empezará a demostrar su descontento con Charles y buscará liberarse de esa existencia mediocre que le asfixia. Flaubert nos presenta, además, la vida de las gentes de Yonville l´Abbaye y analiza las distintas personalidades que rodean a los protagonistas. Esta segunda parte representa el núcleo de la novela al comenzar en ella la verdadera acción, pues hasta aquí la narración se centra en los antecedentes de sus personajes centrales.
8. En la segunda parte, el matrimonio Bovary se traslada ¿Hacia dónde se dirigen? ¿Por qué razón?
Este bloque central de la novela comienza con la descripción del próximo lugar de residencia del matrimonio. Analiza en qué orden describe el autor el nuevo mundo que les espera.
9. ¿En qué momento crees que comienza la destrucción de Emma? ¿Por qué?
10. ¿Quién es Rodolphe? ¿Cómo conoce a Emma? Resume brevemente la relación que existe entre ambos.
11. Hay una interesante escena en la que el narrador alterna la conversación entre Emma y Rodolphe con un discurso político ¿En qué capítulo ocurre? ¿Qué datos ofrece el orador sobre la sociedad francesa?
12. Describe la personalidad de Homais ¿Qué opinas de su comportamiento a lo largo de la novela? Busca ejemplos de su anticlericalismo y su afán de progreso en la obra y relaciónalos con la época que vivió Flaubert.
13. La madre de Charles es otro de los seres humanos que pasan por la pluma del autor, quien
describe a la perfección la severidad de una mujer que se considera rival de su nuera, y así se lo hará saber en muchas ocasiones a su hijo. Cita algún ejemplo.
Cuando la protagonista se queda embarazada, ¿qué sexo desea para su hijo? ¿Por qué? Cita el párrafo en el que reflexiona sobre el asunto.
¿Cómo se comporta Rodolphe con Emma? ¿Crees que la ama? Razona tu respuesta
¿Qué ocurre con el personaje de Hippolyte?
¿Crees que Charles es culpable de lo que le sucede a su esposa? ¿Qué solución darías a su problema conyugal?

Tercera parte
En este último bloque de la novela, Emma vive un intenso romance con León. La acción transcurre más rápidamente y se precipita hacia un final trágico en el que convergen todos los hilos de la trama.
Para poder visitar a su amante en la ciudad, la protagonista urde un engaño que le permite viajar regularmente a Rouen con el consentimiento de su marido ¿Qué excusa inventa?
Los caros gustos de Emma se intensifican de tal manera en esta última parte que llegan a ser insostenibles. Encuentra en la obra ejemplos de su despilfarro.
¿Cómo es la relación entre Madame Bovary y Lheureux? ¿Crees que él actúa de manera justa?
¿Qué opinas de la relación que la protagonista tiene con su hija?
Analiza cómo Emma consigue cambiar a aquellos que la aman y busca en la obra fragmentos que lo ejemplifiquen.
¿En qué momento empieza a sospechar Charles que Emma lo engaña?¿Cómo reacciona?¿Descubre finalmente toda la verdad?
¿Cómo muere Emma? Cita algún ejemplo de descripción naturalista en el capítulo donde se narra la agonía
Describe el comportamiento de Charles tras la muerte de su esposa. ¿Qué cambios experimenta? ¿Cómo termina la novela? Tras la pérdida de Emma, esta sigue influyendo en Charles ¿De qué manera?
Al final de la obra uno de los personajes llorará amargamente la muerte de la protagonista en su tumba ¿Quién es?
El final de la novela recoge una serie de hechos precipitados que quedan abiertos: son los que afectan a Berthe, Homais, Felicité, de Justin o  León. ¿Qué sabemos de ellos?

Conclusiones
¿Cuál es el tema central de la obra ¿Por qué está frustrada la protagonista?
¿A qué obedece la división en tres partes de la obra? Señala las acciones principales de cada una de ellas. ¿Dónde predomina la descripción y dónde el diálogo?
¿Cuántos narradores intervienen en Madame Bovary? ¿De qué tipo son? ¿A qué obedecen estos cambios?
Se ha destacado del autor su gran habilidad para introducir en la novela el llamado estilo indirecto libre. Encuentra algunos ejemplos de su aplicación en esta novela.
¿Con qué personaje se inicia y se cierra la novela? ¿A qué se debe?
Busca la definición de bovarismo y explica su relación con la obra de Flaubert.